
El recorrido de Fabio Belnome —conocido como Volata di Peluca— venía consolidando una narrativa simple y potente: atravesar el mundo con un Fiat Marea 1998, sin estructura, sin asistencia y con lo mínimo indispensable. Europa, Asia y buena parte de América quedaron atrás con un mismo hilo conductor: precariedad, constancia y relato en tiempo real.
El quiebre ocurrió en Argentina.
En la Ruta Nacional 152, a la altura de La Pampa, el auto impactó contra un bache de gran tamaño. El golpe fue lo suficientemente fuerte como para romper la llanta y activar el sistema de seguridad del vehículo: el corte automático del suministro de combustible. El Marea interpretó el impacto como un accidente —como si se hubieran disparado los airbags— y se apagó por completo, dejando al viajero varado en plena ruta.
Todo el episodio fue relatado por el propio Belnome a través de su cuenta de Instagram, donde documenta cada tramo del viaje.
Lo que siguió marcó un contraste.
Lejos de quedar aislado, el viajero recibió ayuda de otros conductores que circulaban por la zona. Fueron ellos quienes lo asistieron y lo trasladaron hasta un pueblo cercano, donde finalmente pudo iniciar la reparación del vehículo. La escena, también compartida en redes, expuso otro rasgo recurrente del país: la reacción inmediata de quienes pasan y ayudan.
El Marea —que había resistido miles de kilómetros en condiciones diversas— quedó fuera de servicio por un impacto puntual en la calzada. No por desgaste, ni por falta de recursos, sino por el estado del camino.
La travesía continúa, pero con una escena que redefine el relato: un viaje global detenido por la infraestructura, y reactivado por la solidaridad.