¿Van a bajar las naftas o nos van a tomar el pelo otra vez?

¿Van a bajar las naftas o nos van a tomar el pelo otra vez?

¿Van a bajar las naftas o nos van a tomar el pelo otra vez?
Por: Hugo Goldstein


Durante meses los argentinos escuchamos la misma explicación. Si sube el petróleo, aumenta la nafta. Si hay una guerra en Medio Oriente, aumenta la nafta. Si sube el dólar, aumenta la nafta. Si llueve en Texas o nieva en Arabia Saudita, aumenta la nafta.

Ahora bien, cuando el petróleo baja, cuando el conflicto internacional se descomprime y cuando el barril retrocede con fuerza, aparece una nueva explicación: que no se puede bajar el precio porque las petroleras tienen que recuperar márgenes perdidos. Es decir, cuando sube, el traslado es inmediato; cuando baja, hay que esperar. Siempre esperar.

Tras el acuerdo entre Estados Unidos e Irán, el barril Brent cayó más de 4% y se ubicó cerca de los 82 dólares, uno de los niveles más bajos de los últimos meses. Diversos especialistas del sector energético ya admiten que una reducción sostenida del precio internacional debería aliviar los costos de los combustibles en Argentina, aunque las empresas y el Gobierno sostienen que el impacto no será inmediato.

La pregunta es sencilla: si cuando el petróleo pasó de 70 a más de 100 dólares nos dijeron que era inevitable remarcar los surtidores, ¿por qué ahora no sería inevitable bajarlos? ¿Por qué la teoría del libre mercado funciona para los aumentos pero deja de funcionar cuando corresponde devolverle algo al consumidor?

El argumento oficial es que existe un sistema de "amortiguación" que evitó trasladar completamente las subas internacionales durante el conflicto. Según esa explicación, las petroleras habrían absorbido parte de los aumentos y ahora buscarían recomponer rentabilidad antes de pensar en una rebaja.

Sin embargo, el ciudadano común tiene derecho a desconfiar. Porque la experiencia argentina demuestra que los precios suben por ascensor y bajan por escalera. Y muchas veces ni siquiera bajan.

La otra gran cuestión es el dólar. El Gobierno insiste en que el tipo de cambio actual es el adecuado, pero cada vez son más los economistas que señalan que Argentina volvió a tener un problema de atraso cambiario. Un dólar relativamente barato encarece los costos medidos en moneda estadounidense. Salarios, alquileres, logística, impuestos y servicios se vuelven más caros en dólares que en otros países de la región.

Paradójicamente, mientras el Gobierno celebra que los argentinos puedan viajar al exterior o comprar productos importados más baratos, las empresas exportadoras empiezan a perder competitividad y los costos internos siguen escalando. El resultado es una economía que parece barata para importar y cara para producir.

Eso también impacta en los combustibles. Porque aunque Argentina produce petróleo y posee el potencial gigantesco de Vaca Muerta, los precios internos siguen cada vez más atados a variables financieras y fiscales que poco tienen que ver con el costo real de extracción.

De hecho, el propio Gobierno viene postergando aumentos de impuestos a los combustibles para evitar un impacto mayor sobre la inflación. Esos incrementos fueron diferidos hasta julio, lo que significa que existe una presión adicional pendiente sobre los surtidores.

Entonces aparece la gran duda.

¿Volverá la nafta a los valores de marzo, cuando el petróleo estaba mucho más barato? Todo indica que no.

¿Existe margen para una baja? Sí.

¿La veremos reflejada completamente en los surtidores? La historia argentina invita al escepticismo.

Mientras en otros países las caídas internacionales del petróleo generan reducciones automáticas en los precios al consumidor, en Argentina los beneficios suelen quedarse en el camino. Chile, por ejemplo, ya anunció rebajas significativas en los combustibles tras la baja del Brent.

Por eso la discusión ya no es económica sino política. El Gobierno de Javier Milei prometió que los precios reflejarían las condiciones del mercado. Si el mercado justificó los aumentos, ahora debería justificar las bajas. De lo contrario, estaremos frente a otro caso donde el libre mercado funciona únicamente cuando favorece a los que venden, pero desaparece cuando beneficia a los que pagan.

Y el automovilista argentino, una vez más, tendrá motivos para preguntarse si le están cobrando el precio de la nafta... o el costo de creer en los discursos.

Publicado el: 2026-06-16