“Unidad o emboscada: el verdadero juego detrás de Santilli en la Provincia”

“Unidad o emboscada: el verdadero juego detrás de Santilli en la Provincia”

“Unidad o emboscada: el verdadero juego detrás de Santilli en la Provincia”
Por: Andrés García


La política argentina tiene una particularidad: cuando alguien habla de “unidad”, conviene mirar con lupa qué está realmente en juego. Las recientes declaraciones de Cristian Ritondo impulsando a Diego Santilli —el “Colo”, hoy orbitando el universo libertario— como candidato a gobernador bonaerense de una hipotética síntesis entre PRO y La Libertad Avanza no son un gesto ingenuo ni una frase de ocasión. Son, más bien, una pieza quirúrgica dentro de una estrategia que se cocina a fuego lento en medio de la fragilidad oficialista.

Porque mientras hacia afuera se declama la necesidad de “derrotar al populismo”, hacia adentro del oficialismo libertario se libra una guerra silenciosa pero constante. La tensión entre Karina Milei y Santi Caputo no solo erosiona la cohesión del gobierno de Javier Milei, sino que también debilita el armado político en la provincia de Buenos Aires. En ese barro se explica el fuego cruzado contra Sebastián Pareja, el hombre que oficia como “general karinista” en territorio bonaerense y que hoy aparece bajo ataque constante de los trolls y militantes reales de las “Fuerzas del Cielo”

En ese contexto, lo de Ritondo tiene lógica: asegurar que, en un eventual acuerdo, el candidato sea propio. Que el PRO —aunque hoy se pinte de violeta— no pierda la lapicera en el distrito más importante del país. Más aún si, como todo indica, las elecciones bonaerenses podrían desdoblarse, abriendo la posibilidad de jugar una partida distinta a la nacional y, por qué no, “meter un pleno” en la gobernación.

Pero hay una omisión deliberada en ese discurso: nada garantiza que ese acompañamiento táctico se traduzca luego en un respaldo estratégico. El PRO no está firmando un cheque en blanco para la reelección de Milei en 2027. Tal vez, con conservar poder territorial —intendencias, concejales, legisladores— y con la chance de recuperar la provincia, les alcance. El resto será otra negociación.

Y ahí aparece el dato que muchos prefieren no decir en voz alta: si Santilli llegara a la gobernación, asumiría en diciembre de 2027. Para entonces, el tablero político podría ser completamente distinto. Pensar que un gobernador bonaerense del PRO responderá disciplinadamente a la Casa Rosada libertaria es, en el mejor de los casos, un acto de ingenuidad. En el peor, una fantasía peligrosa. La “venganza amarilla” —esa revancha larvada tras años de tensiones— podría materializarse sin demasiadas sutilezas.

En paralelo, Mauricio Macri recorre el país con una intención clara: reconstruir volumen propio. No es casual. Cada aparición suya mide, ordena, reagrupa. Sabe que una parte sustancial de su electorado migró hacia Milei en el ballotage de 2023, pero también que ese préstamo no es eterno. Recuperar ese voto es clave para volver a tener centralidad en la discusión nacional.

Además, en el horizonte aparece otra disputa inevitable: la Ciudad de Buenos Aires. Karina Milei quiere ese bastión, hoy históricamente amarillo. Y Macri no está dispuesto a entregarlo sin dar pelea. Esa tensión, aunque hoy se disimule bajo la alfombra de la “unidad”, será uno de los grandes conflictos a futuro.

Por eso, cuando desde el PRO acusan al peronismo de “oler sangre”, convendría recordar que ellos también la perciben. Y no son improvisados. Tienen experiencia, memoria y, sobre todo, cuentas pendientes con los hermanos Milei.

El mensaje para Karina es claro, aunque nadie se lo diga en público: si cede demasiado, la pasan por arriba. Si confía sin garantías, la apuñalan. En política, las alianzas son transitorias, pero las ambiciones son permanentes. Y hoy, detrás de las fotos de unidad, lo que se está jugando no es solo una elección, sino el control del poder en la Argentina que viene.

 

Publicado el: 2026-04-21