Sturzenegger, el técnico que siempre vuelve

Sturzenegger, el técnico que siempre vuelve

Sturzenegger, el técnico que siempre vuelve
Por: Hugo Goldstein


Hay nombres que, más allá de los cambios de gobierno, parecen tener garantizado un lugar en la discusión económica argentina. Federico Sturzenegger es, sin dudas, uno de ellos. Con una extensa trayectoria en el Estado, su figura combina pergaminos académicos, paso por cargos clave y una larga lista de polémicas que lo convierten en un protagonista recurrente… y discutido.

Economista formado en la Universidad Nacional de La Plata y con doctorado en el Massachusetts Institute of Technology, Sturzenegger construyó desde temprano un perfil técnico que le abrió las puertas de la función pública. Su desembarco fuerte en el Estado se dio durante los años ’90, en plena ola de reformas estructurales, donde comenzó a vincularse con los equipos económicos que impulsaban la apertura y desregulación.

Su primer gran capítulo de poder llegó en el gobierno de Fernando de la Rúa, cuando ocupó la Secretaría de Política Económica. Aquella etapa, atravesada por la fragilidad del modelo de convertibilidad, terminó en el colapso de 2001. Si bien no fue el único responsable, su paso por esa gestión quedó inevitablemente asociado a uno de los peores desenlaces económicos de la historia argentina.

Años más tarde, durante la presidencia de Mauricio Macri, volvió al centro de la escena. Primero como presidente del Banco Ciudad y luego como titular del Banco Central de la República Argentina, cargo desde el cual intentó aplicar un esquema de metas de inflación que, en los papeles, prometía estabilidad, pero que en la práctica naufragó frente a la volatilidad cambiaria y la falta de credibilidad del programa económico.

Su gestión en el Banco Central estuvo marcada por decisiones que hoy siguen siendo objeto de crítica. La más recordada, sin dudas, fue la crisis cambiaria de 2018: una corrida que disparó el dólar, obligó a subir fuertemente las tasas de interés y terminó empujando al gobierno de Macri a recurrir al Fondo Monetario Internacional. Para muchos analistas, esa secuencia dejó al descubierto errores de diagnóstico, exceso de confianza en los mercados y una política monetaria que llegó tarde y mal.

Pero las polémicas en torno a Sturzenegger no se limitan a su paso por el Banco Central. También arrastra cuestionamientos desde su etapa como funcionario en los años 2000 por su rol en el megacanje de deuda, una operación que buscó postergar vencimientos pero que terminó aumentando el peso de la deuda pública. Ese episodio incluso derivó en causas judiciales que, con el tiempo, fueron cerrándose, aunque dejaron una marca persistente sobre su figura.

Sus críticos sostienen que hay un patrón que se repite: programas ambiciosos en lo teórico, pero con serias dificultades para sostenerse en la realidad argentina. Le cuestionan una mirada excesivamente ortodoxa, desconectada del entramado social y productivo local, y una tendencia a subestimar los efectos políticos de las decisiones económicas.

Sus defensores, en cambio, lo presentan como un reformista consistente, alguien que intenta —con mayor o menor éxito— ordenar variables desbordadas en contextos extremadamente complejos. Argumentan que muchos de los fracasos no pueden atribuirse exclusivamente a su gestión, sino a la falta de respaldo político o a desequilibrios estructurales preexistentes.

Lo cierto es que, cada vez que vuelve a escena, el debate se reactiva. ¿Es Sturzenegger un técnico lúcido incomprendido por la política o un economista cuyas recetas ya demostraron sus límites? La respuesta, como suele ocurrir en la Argentina, está atravesada por posiciones ideológicas.

Lo que parece indiscutible es otra cosa: su nombre sigue generando ruido. Y en un país donde la economía define destinos, no es un dato menor.

 

 

 

Publicado el: 2026-04-13