
Santiago Caputo, acorralado pero no muerto
En la política argentina el poder rara vez desaparece de un día para el otro. Se erosiona, se desgasta, se fragmenta. Y cuando eso ocurre, lo primero que aparece es una serie de señales: funcionarios desplazados, áreas que cambian de manos, operaciones mediáticas y rumores que empiezan a circular con una sincronización demasiado perfecta como para ser casualidad. En ese escenario se encuentra hoy Santiago Caputo, uno de los estrategas más influyentes del gobierno de Javier Milei.
Durante meses, Caputo fue señalado como el verdadero arquitecto político del oficialismo: el hombre que articulaba estrategia, discurso y funcionamiento interno del poder. Sin embargo, en las últimas semanas comenzó a evidenciarse un proceso de repliegue. No una caída abrupta, sino una lenta pérdida de terreno dentro del esquema de poder que tiene como figura central a Karina Milei.
El retroceso en Justicia
Uno de los movimientos más claros se dio en el área judicial. Allí, el dirigente cercano a Caputo, Sebastián Amerio, fue eyectado de la estructura del Ministerio. La señal fue clara: las áreas clave comenzaron a reordenarse y, salvo el sector de Derechos Humanos, prácticamente todos los funcionarios vinculados al esquema caputista fueron desplazados o reemplazados.
En la política real, los desplazamientos nunca son sólo administrativos. Son señales. Y el mensaje que comenzó a circular dentro del propio gobierno fue que el poder territorial del asesor estaba siendo limitado.
Incluso en estructuras periféricas del Ministerio de Justicia comenzaron a verse movimientos abruptos. En una de las oficinas que la cartera posee dentro del complejo industrial naval Tandanor, un director fue sorprendido cuando su reemplazante llegó directamente a su despacho acompañada por su secretaria y le comunicó, sin mediaciones: “tenés que irte, yo soy tu reemplazo, arreglá con mi secretaria”.
Ese tipo de escenas, que en otro momento hubieran sido impensables, reflejan un clima interno donde las líneas de mando están cambiando.
El twittero caído en desgracia
En medio de la escalada de tensión abierta en el Triángulo de Hierro, el reconocido tuitero Nicolás Promanzio, del entorno del asesor presidencial, Santiago Caputo, quien hasta entonces asesoraba al ministro de Defensa, Carlos Presti, declinó su designación al cargo.
Pese a que todavía no había sido oficializada formalmente su designación, según supo la agencia Noticias Argentinas, el integrante del streaming Carajo no se sumará al equipo del teniente general que reemplazó a Luis Petri al frente de la cartera.
Lo cierto es que Presti responde de manera directa a la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei, que en los últimos días sumó influencia en el Gabinete.
El poder de Karina
En paralelo, el poder de Karina Milei dentro del gobierno no dejó de crecer. Desde la Secretaría General de la Presidencia consolidó una estructura política propia y comenzó a intervenir cada vez más en la designación de funcionarios y en la organización interna del oficialismo.
Ese crecimiento inevitablemente genera tensiones. El llamado “triángulo de hierro” que alguna vez integraron Javier Milei, Karina Milei y Santiago Caputo hoy muestra fisuras.
La política, como siempre, funciona con lógicas de acumulación: cuando un actor avanza, otro retrocede.
Adorni, un herido de guerra
El vocero presidencial Manuel Adorni también aparece como uno de los heridos colaterales de esta disputa de poder.
El episodio del video que apareció durante su viaje a Punta del Este fue interpretado dentro del oficialismo como algo más que un simple hecho casual. En el ecosistema del poder argentino, ese tipo de filtraciones rara vez se producen sin intencionalidad política. Para muchos dentro del gobierno, la difusión del material fue una operación clásica de los servicios para debilitar su posición.
Algo similar ocurrió con la filtración del viaje de su esposa a Nueva York. En una administración donde la comunicación está extremadamente controlada, ese tipo de información difícilmente se vuelva pública sin que alguien quiera que lo sea.
La política argentina tiene larga tradición en estas guerras silenciosas: operaciones, filtraciones y mensajes que se envían sin firma.
Acorralado, pero no muerto
Sin embargo, dar por terminado el ciclo de Santiago Caputo sería un error. La historia del poder en Argentina está llena de figuras que parecían desplazadas y terminaron regresando con fuerza.
Caputo conserva algo que en política vale más que muchos cargos formales: acceso directo al Presidente y capacidad estratégica. No ocupa un ministerio ni una secretaría visible, pero durante meses fue uno de los cerebros del dispositivo político y comunicacional que llevó a Milei al poder.
En ese sentido, el actual escenario se parece más a un reacomodamiento que a una caída definitiva.
En política, quedar acorralado no significa estar derrotado. A veces significa simplemente estar esperando el momento para contraatacar. Y si algo caracteriza a Santiago Caputo es precisamente eso: su capacidad para operar en las sombras.
Por ahora, el tablero se mueve. Y en el gobierno libertario las piezas todavía no terminaron de acomodarse.