¿Puede Victoria Villarruel enfrentar a Milei en las urnas?

¿Puede Victoria Villarruel enfrentar a Milei en las urnas?

¿Puede Victoria Villarruel enfrentar a Milei en las urnas?
Por: Pablo López


La pregunta empezó a circular en voz baja en los pasillos del poder y hoy ya se formula sin eufemismos: ¿está en condiciones la vicepresidenta Victoria Villarruel de enfrentar como candidata a Javier Milei en una elección nacional?

La tensión entre ambos dejó de ser un rumor. La reciente furia tuitera contra el ministro de Defensa Luis Petri —a quien el entorno de la vicepresidenta nunca terminó de digerir— reavivó una herida original: ese ministerio, dicen en su círculo, le había sido prometido a ella. Defensa no era solo un cargo; era territorio político propio, identidad y construcción simbólica. La designación de Petri fue leída como una desconfianza temprana y una poda de poder.

¿Tiene volumen propio?

 

Villarruel cuenta con tres activos claros:

 

  1. Identidad ideológica definida. Representa el ala más dura en temas de seguridad y revisión del relato sobre los años 70.
  2. Base militante intensa. Aunque menor que la de Milei, es cohesionada y movilizada.
  3. Perfil institucional. A diferencia del Presidente, construye desde el Senado, con diálogo parlamentario y tono menos disruptivo.

 

Sin embargo, el interrogante central es si ese capital alcanza para romper con Milei sin autolesionarse. El electorado libertario tiene un componente personalista fuerte: votó a Milei antes que a una estructura. Si Villarruel compite, ¿puede retener una porción significativa de esos votos o solo fragmentaría el espacio?

 

El dilema del peronismo de centro

 

Una hipótesis que circula en despachos políticos es la posibilidad de un entendimiento táctico con un peronismo más pragmático, desencantado tanto del kirchnerismo duro como del mileísmo económico. ¿Podría Villarruel convertirse en una opción de orden conservador con sensibilidad federal?

 

El problema es doble:

 

  • Para el peronismo moderado, su agenda sobre memoria y dictadura es un límite simbólico difícil de cruzar.
  • Para su propia base, un acuerdo con el peronismo podría leerse como traición.

Ahí radica su paradoja: para crecer necesita ampliar, pero para ampliar debería moderar posiciones que constituyen su identidad política.

 

El frente progresista: techo electoral

 

Su posición respecto a la última dictadura militar es, sin dudas, el principal obstáculo para pescar votos en sectores progresistas o de centroizquierda. Más allá de matices discursivos, su figura está asociada a una mirada crítica del consenso de derechos humanos construido desde 1983.

En un escenario electoral polarizado, es difícil imaginar que esos sectores migren hacia ella. Incluso votantes críticos de Milei podrían optar por alternativas más moderadas antes que respaldar a la vicepresidenta.

 

¿Proyecto propio o factor de presión?

 

Hay otra lectura más pragmática: que la sola insinuación de candidatura funcione como mecanismo de presión interna. En política, la amenaza de ruptura suele ser más útil que la ruptura misma. Competir contra Milei implicaría asumir el riesgo de quedar tercera, debilitando a ambos y abriendo la puerta a un peronismo reconfigurado.

Además, si Villarruel compite y no logra expandirse más allá del núcleo libertario duro, el efecto sería claro: dividiría el voto oficialista sin capturar nuevos segmentos.

 

Escenarios posibles

 

  1. Ruptura total: compite contra Milei y fragmenta el espacio libertario. Alto riesgo.
  2. Negociación interna: usa su capital político para reequilibrar poder dentro del oficialismo.
  3. Alianza transversal: intenta armar un frente conservador-federal con sectores del peronismo no kirchnerista. Difícil pero no imposible.

 

Hoy, más que una candidata competitiva frente a Milei, Villarruel parece una dirigente con capacidad de condicionar. Su desafío es estructural: para crecer necesita salir del electorado mileísta; pero al hacerlo corre el riesgo de perder la única base sólida que posee.

La pregunta entonces no es solo si puede enfrentarlo, sino si le conviene. Porque en política, a veces disputar no es sinónimo de ganar, sino de debilitar al adversario… y a uno mismo.

Y en ese juego, el beneficiario podría no ser ninguno de los dos.

 

Publicado el: 2026-03-03