Patricia no banca a Adorni y vuelve a marcarle límites a Milei

Patricia no banca a Adorni y vuelve a marcarle límites a Milei

Patricia no banca a Adorni y vuelve a marcarle límites a Milei
Por: José María Fernández


Patricia Bullrich acaba de enviar otro mensaje político que en la Casa Rosada ya no pueden ignorar. Mientras buena parte del oficialismo se alineó detrás de Manuel Adorni para defenderlo de las denuncias sobre su patrimonio y su declaración jurada, la ex ministra eligió un camino distinto: cuestionarlo públicamente y exigir explicaciones. No es un dato menor. Tampoco es un episodio aislado.

Cuando Bullrich afirmó que lo de Adorni era "más que un error" y lo definió como una "omisión ética", no estaba hablando solamente del jefe de Gabinete. Estaba hablando del relato de un gobierno que hizo de la superioridad moral una de sus principales banderas. Si un funcionario clave es acusado de ocultar información patrimonial y la respuesta oficial es cerrar filas en su defensa, la contradicción resulta evidente. Y Bullrich decidió señalarla.

La dirigente ya había tomado distancia semanas atrás cuando reclamó que Adorni presentara de manera inmediata su declaración jurada para evitar que el escándalo siguiera dañando al Gobierno. Mientras Javier Milei lo respaldaba sin matices y descartaba cualquier posibilidad de renuncia, Bullrich insistía en que el caso debía aclararse rápido porque "el proyecto sufre". Esa diferencia de enfoque no fue casual. Fue política.

La senadora parece haber entendido algo que otros dirigentes libertarios todavía no registran: el principal activo electoral del oficialismo es su promesa de ser distinto. Por eso cualquier sospecha de privilegios, beneficios personales o enriquecimiento genera un daño mucho más profundo que el que sufriría un gobierno tradicional. Bullrich no cuestiona solamente a Adorni; cuestiona el costo que implica para el proyecto libertario sostener a un funcionario bajo sospecha.

La actitud de la ex candidata presidencial se suma a otros movimientos recientes que muestran una creciente autonomía respecto del núcleo duro del poder. Ya había generado incomodidad al desmarcarse de la decisión oficial de bloquear el pliego de la jueza María Verónica Michelli por su vínculo familiar con el periodista Hugo Alconada Mon. En aquella ocasión hizo valer su objeción de conciencia y dejó expuesta una diferencia política con la mesa chica del Gobierno.

El dato central es que Bullrich ya no actúa como una dirigente subordinada. Tampoco como una opositora interna. Juega un partido propio. Sabe que su capital político depende tanto de conservar su cercanía con Milei como de demostrar que tiene criterio propio. Y cada vez que surge una controversia relevante, opta por dejar en claro que no está dispuesta a inmolarse por los errores ajenos.

En la Casa Rosada intentan relativizar estas diferencias. Repiten que Bullrich "tira pero no rompe". Puede ser cierto. Pero también es cierto que cada vez que aparece una crisis importante, la dirigente elige ubicarse unos metros más lejos del centro de la explosión. No abandona el barco, pero tampoco se hunde con quienes considera indefendibles.

La pregunta que empieza a recorrer la política es si estas señales son simples gestos de independencia o el anticipo de una construcción de poder propia para el período que viene. Porque si algo ha demostrado Patricia Bullrich a lo largo de su carrera es que siempre sabe detectar cuándo conviene permanecer dentro de una coalición y cuándo es momento de empezar a diferenciarse.

Y en el caso Adorni, la distancia ya es imposible de ocultar.

Publicado el: 2026-06-12