
El respaldo social al ajuste económico que impulsa el gobierno de Javier Milei vuelve a mostrar señales de desgaste. Una nueva encuesta nacional de la consultora QSocial refleja un escenario de creciente desilusión entre los argentinos, donde el relato del "esfuerzo de hoy para vivir mejor mañana" parece perder fuerza frente a una realidad marcada por la caída del poder adquisitivo, la incertidumbre y el deterioro de las expectativas.
El dato más contundente del relevamiento es que el 50% de los argentinos asegura que ya no está dispuesto a seguir esperando para que las políticas económicas del Gobierno mejoren su situación personal. Es decir, uno de cada dos ciudadanos considera que la paciencia llegó a su límite.
Pero el dato no aparece aislado. La encuesta dibuja un panorama mucho más preocupante para la Casa Rosada.
Nada menos que el 67% de los consultados rechazó la idea de que las políticas económicas actuales sean necesarias aunque impliquen sacrificios en el corto plazo. Apenas alrededor de un tercio continúa respaldando esa visión.
Ese mismo 67% también considera que el esfuerzo que realiza hoy la sociedad no valdrá la pena en el futuro, un golpe directo al principal argumento con el que el oficialismo justificó el ajuste desde el comienzo de la gestión. Si la promesa era atravesar un período difícil para alcanzar un bienestar posterior, la mayoría de la población ya no cree que ese objetivo vaya a cumplirse.
La encuesta también revela un fuerte cuestionamiento a la capacidad del Ejecutivo para revertir la crisis. El 61% de los entrevistados cree que el Gobierno no tiene capacidad para resolver los problemas económicos del país, mientras que una clara minoría mantiene expectativas positivas sobre la gestión.
Los números muestran un cambio de humor social que empieza a consolidarse. Durante los primeros meses del gobierno libertario existía un importante sector dispuesto a conceder tiempo y aceptar sacrificios con la expectativa de una recuperación. Sin embargo, a medida que pasan los meses, la inflación deja de ser el único parámetro con el que la sociedad evalúa la gestión.
Hoy pesan cada vez más el salario, el empleo, el consumo, la actividad económica y la posibilidad concreta de llegar a fin de mes. Cuando esos indicadores no acompañan, la paciencia comienza a agotarse.
El estudio de QSocial confirma que la llamada "motosierra", presentada como una herramienta para ordenar la economía, enfrenta un creciente desgaste político y social. El ajuste dejó de ser visto por buena parte de la sociedad como una etapa transitoria y empezó a percibirse como un estado permanente sin una recompensa clara al final del camino.
La encuesta no significa, por sí sola, un cambio definitivo del escenario político ni anticipa resultados electorales. Pero sí refleja un dato difícil de ignorar: la mayoría de los argentinos consultados ya no cree que el sacrificio actual vaya a traducirse en un futuro mejor. Esa pérdida de confianza golpea el núcleo del discurso oficial, construido sobre la promesa de que el esfuerzo presente sería la llave para una prosperidad futura.
Cuando la esperanza deja de compensar el sacrificio cotidiano, el ajuste deja de ser una apuesta y empieza a convertirse, para una parte creciente de la sociedad, en una carga sin horizonte. Y eso constituye una de las advertencias políticas más serias que ha recibido hasta ahora el Gobierno de Javier Milei.