
El Presidente volvió a utilizar las redes sociales para atacar personalmente a una periodista. Esta vez fue Maru Duffard, a quien calificó de “basura corrupta inmunda” y “zurda inmunda de doble moral”. El episodio se suma a una extensa lista de cruces con mujeres periodistas, artistas y dirigentes políticos.
Javier Milei volvió a convertir una diferencia política o periodística en un ataque personal. Esta vez, la destinataria fue la periodista Maru Duffard, a quien el Presidente insultó públicamente luego de una entrevista que la periodista realizó a Máximo Kirchner para Infobae.
Todo comenzó a partir de un fragmento de la entrevista difundido por Santiago Oría, director de Realización Audiovisual de la Presidencia. A partir de allí, Milei decidió intervenir personalmente y apuntó contra Duffard con una dureza que excedió largamente cualquier discusión sobre el contenido de la entrevista.
“BASURA CORRUPTA INMUNDA. Periodista la basura tenía que ser... CIAO!”, escribió el Presidente en X.
Pero no se quedó allí. Poco después volvió a referirse a la periodista y escribió: “LA BASURA INMUNDA DUFFARD” y “ZURDA INMUNDA DE DOBLE MORAL”. Finalmente, amplió su ataque al conjunto de la prensa al afirmar: “Me parece que a veces no puteamos lo suficiente a los periodistas”.
La discusión sobre una entrevista puede ser perfectamente áspera. Se puede cuestionar una pregunta, una respuesta, una interpretación, el enfoque editorial o incluso acusar a un periodista de tener una determinada posición política. Lo que resulta significativo en este caso es que, nuevamente, el Presidente eligió el insulto personal como forma de respuesta.
Y el episodio adquiere otra dimensión cuando se observa el historial.
Duffard no es la primera periodista mujer que queda en el centro de los ataques públicos de Milei.
En enero de 2024, el Presidente calificó de “mentirosa” y “mentirosa serial” a la periodista Silvia Mercado, luego de una información relacionada con sus perros y su mudanza a la Quinta de Olivos. Mercado respondió que consideraba el episodio un “maltrato” que no estaba a la altura de la figura presidencial.
Por esos mismos días, Milei atacó a la corresponsal de LA NACION Luisa Corradini, también a raíz de su cobertura del Foro Económico de Davos. La llamó “mentirosa” y sostuvo que trabajaba para “operadores” del diario. El enfrentamiento volvió a repetirse en 2025, cuando el Presidente volvió a acusarla de mentir y de “operar contra el Gobierno”.
También tuvo un fuerte cruce con María O'Donnell. Milei la acusó de haber mentido con el objetivo de “ensuciar”, pese a que la periodista había corregido al aire una información que había resultado errónea.
Y en 2026 el enfrentamiento alcanzó a Débora Plager, a quien el Presidente calificó de “cómplice de asesinato” por su posición pública respecto de la legislación sobre aborto.
El listado incluye además a periodistas como María Laura Santillán, Jesica Bossi, Laura Serra, Teresa Frías, Luciana Geuna, Romina Manguel, Mónica Gutiérrez y Natasha Niebieskiewiat, entre otras. Un relevamiento de FOPEA sobre las publicaciones de Milei en X identificó al menos 44 periodistas atacados durante el período analizado, entre ellos numerosas mujeres.
El caso de Lali Espósito es probablemente uno de los episodios más conocidos.
En febrero de 2024, Milei decidió rebautizar públicamente a la cantante como “Lali Depósito”, en medio de sus cuestionamientos a los artistas que recibieron contrataciones o fondos públicos.
La artista respondió entonces que la asimetría de poder entre el Presidente y las personas a las que atacaba hacía que ese discurso fuera, a su entender, “injusto y violento”.
El enfrentamiento continuó durante meses, hasta convertirse en uno de los conflictos públicos más visibles entre el Presidente y una figura de la cultura.
Lo ocurrido con Maru Duffard tampoco puede analizarse aisladamente del contexto general de la relación de Milei con la prensa.
Un estudio realizado por el equipo de Data Journalism Visualization Bootcamp de FOPEA analizó 113.649 publicaciones de la cuenta presidencial en X entre diciembre de 2023 y septiembre de 2025. El relevamiento encontró 16.806 publicaciones que contenían insultos, expresiones despectivas o estigmatizantes. Entre los blancos identificados aparecieron periodistas, medios, artistas, universidades, economistas y dirigentes políticos.
El trabajo contabilizó además 271 términos o expresiones insultantes diferentes promovidos por Milei. Entre los más utilizados aparecen “kuka”, “casta”, “delincuente”, “mandril”, “corrupto”, “ensobrado”, “mentiroso” y “terrorista”.
Otro relevamiento de Chequeado había contabilizado más de 1.000 agravios, descalificaciones o ataques pronunciados por Milei durante sus primeros 14 meses de gestión.
Y en septiembre de 2026, ADEPA volvió a advertir sobre lo que definió como ataques “sistemáticos” contra periodistas y medios. Según el informe citado por EFE, entre el 17 y el 23 de agosto se registraron 335 mensajes contra la prensa republicados por la cuenta presidencial, además de 26 publicaciones propias y 21 alusiones despectivas al periodismo en intervenciones públicas.
Hay una diferencia importante entre ejercer el poder y ejercerlo desde la confrontación permanente.
Un Presidente tiene todo el derecho a cuestionar una nota periodística, desmentir una información, defender a un funcionario o confrontar con un medio. También tiene derecho a sostener una posición ideológica contraria a la de determinados periodistas.
Pero cuando la respuesta deja de estar centrada en los argumentos y pasa sistemáticamente por la descalificación personal, la discusión pública cambia de naturaleza.
El caso Duffard vuelve a poner esa cuestión sobre la mesa.
No se trata de determinar si la entrevista a Máximo Kirchner fue buena o mala. Tampoco de establecer si las preguntas fueron correctas o equivocadas. Se trata de observar qué hace el Presidente cuando se encuentra con una cobertura periodística que considera adversa.
En este caso, eligió llamarla “basura corrupta inmunda”.
Y no es un hecho aislado. Antes estuvieron Mercado, Corradini, O'Donnell, Plager, Santillán, Bossi, Geuna, Manguel, Lali Espósito y muchas otras.
La discusión política argentina puede ser intensa. Puede haber críticas durísimas y posiciones irreconciliables.
Pero cuando el insulto se transforma en una herramienta habitual desde el máximo cargo institucional del país, la pregunta ya no pasa solamente por quién tiene razón en cada discusión.
Pasa por qué clase de debate público se está construyendo desde el poder.
Y en esa discusión, el episodio protagonizado ahora con Maru Duffard es apenas el último capítulo.