
La provincia de Santa Cruz atraviesa una profunda crisis política y social. El gobierno de Claudio Vidal enfrenta una escalada de protestas gremiales en simultáneo y una parálisis legislativa por una polémica ley de endeudamiento.
Efectivos activos y retirados de la Policía de Santa Cruz y del Servicio Penitenciario mantienen un acampe permanente frente a la gobernación en Río Gallegos. Reclaman una recomposición salarial urgente tras calificar de "insuficientes" las ofertas estatales. La tensión escaló tras la toma pacífica de la Jefatura de Policía por parte de retirados. La oposición intentó forzar una sesión extraordinaria para interpelar al ministro de Seguridad, Pedro Pródromos, pero los diputados oficialistas vaciaron el recinto y la sesión fracasó por falta de quórum.
La Asociación de Trabajadores del Estado lanzó un paro general de 120 horas tras rechazar un aumento escalonado del 10% para el segundo semestre, argumentando que no cubre la pérdida del poder adquisitivo. El gremio docente mantiene las medidas de fuerza en rechazo a la pauta salarial oficial, exigiendo la aplicación de una cláusula gatillo retroactiva a enero.
Mientras tanto el gobernador Vidal presiona para aprobar la Ley de Financiamiento Estratégico, un proyecto que busca autorizar un endeudamiento de hasta 600 millones de dólares. El oficialismo argumenta que estos fondos son indispensables para destrabar las obras públicas, generar empleo y financiar las paritarias.Guerra con la oposición e intendentes: El kirchnerismo y el radicalismo bloquearon la ley argumentando "riesgo cambiario" y falta de precisión técnica sobre el destino de los fondos en dólares. Vidal acusó abiertamente a los intendentes opositores de "poner palos en la rueda" por rechazar el financiamiento provincial mientras continúan exigiendo fondos para sus municipios.
Ahora bien, pese a que creció y vivió en esa provincia, donde su padre fue gobernador 12 años y siguió viviendo los otros 12 de las presidencias de sus progenitores, Máximo Kirchner no emite bocado acerca de lo que acontece en su tierra casi natal. Sin embargo, cada vez que toma la palabra, sus principales destinatarios parecen estar a más de 2.000 kilómetros de Río Gallegos. Sus discursos, sus críticas y sus cuestionamientos tienen como blanco preferido a Axel Kicillof y a los sectores del peronismo bonaerense que buscan construir una identidad propia, mientras los problemas de su provincia parecen ocupar un lugar secundario.
Santa Cruz atraviesa una etapa compleja desde que el kirchnerismo perdió el poder provincial. El gobernador Claudio Vidal representa un signo político diferente y encabeza una administración que enfrenta desafíos económicos, fiscales y sociales de magnitud. Sin embargo, resulta difícil encontrar a Máximo Kirchner encabezando debates públicos permanentes sobre la realidad santacruceña con la misma intensidad que utiliza para intervenir en las disputas internas del peronismo bonaerense.
En cambio, gran parte de su energía política parece estar concentrada en la pelea por la sucesión de Cristina Kirchner dentro del peronismo. Durante los últimos meses, las diferencias con Axel Kicillof se hicieron cada vez más evidentes. Máximo cuestionó en reiteradas oportunidades al gobernador bonaerense y volvió a marcar diferencias sobre el liderazgo futuro del espacio político.
La contradicción es evidente. Mientras cuestiona decisiones y posicionamientos de Kicillof, La Cámpora mantiene una presencia determinante dentro de la estructura política bonaerense. Funcionarios identificados con la organización ocupan cargos estratégicos en distintas áreas del gobierno provincial y numerosos intendentes, legisladores y dirigentes vinculados al kirchnerismo forman parte de la coalición oficialista. La influencia existe, pero al mismo tiempo se desarrolla una disputa permanente por el control político del espacio.
La pregunta es inevitable: ¿por qué un dirigente que podría convertirse en la principal voz opositora de Santa Cruz elige dedicar tanto tiempo a la interna bonaerense? La respuesta probablemente esté vinculada al poder. Santa Cruz es importante desde lo simbólico, pero Buenos Aires sigue siendo el corazón electoral del peronismo. Es allí donde se define quién conduce, quién negocia y quién tiene posibilidades reales de disputar la Presidencia en 2027.
Por eso, más que una discusión de ideas o de gestión, la pelea entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof parece ser una batalla por la herencia política de Cristina Kirchner. Una disputa donde el líder camporista parece sentirse más cómodo señalando las diferencias con un gobernador peronista que construyendo una agenda propia para la provincia que durante décadas fue el bastión histórico de su familia.
Mientras tanto, los ciudadanos observan una escena que genera desconcierto: un país atravesado por dificultades económicas, una provincia como Santa Cruz que busca reacomodarse después del fin de la hegemonía kirchnerista y una dirigencia que muchas veces parece más preocupada por resolver quién tendrá la lapicera del futuro que por discutir cómo resolver los problemas del presente.