
El exministro dice que quiere ser “el arquitecto de la unidad” del peronismo, evita confirmar una candidatura presidencial y, mientras tanto, su espacio acelera el armado en la provincia de Buenos Aires. ¿Está preparando una candidatura nacional o juega a hacer ruido en todo el país mientras concentra sus fichas en el territorio bonaerense?
Hay una vieja imagen del campo argentino que suele utilizarse para describir a quienes hacen mucho ruido en un lugar para esconder lo verdaderamente importante en otro: la del tero. El animal grita lejos de su nido para despistar a quien se acerca. En política, la metáfora sirve para formular una pregunta, no para dar una respuesta.
Y la pregunta que empieza a recorrer el peronismo podría ser esta: ¿Sergio Massa está agitando la posibilidad de volver a competir por la Presidencia mientras, en realidad, concentra su construcción política en la provincia de Buenos Aires?
Por ahora no hay una respuesta definitiva. Massa no anunció su candidatura presidencial para 2027 y tampoco confirmó que quiera ser gobernador bonaerense. De hecho, las últimas versiones periodísticas señalan que el exministro evita cerrar cualquiera de las dos puertas. Lo que sí existe es una serie de movimientos concretos que permiten formular la hipótesis.
El primero es nacional.
Massa volvió a ocupar un lugar visible en la discusión del peronismo después de un largo período de bajo perfil. En las últimas semanas retomó contactos con gobernadores, intendentes y dirigentes de distintos sectores. En paralelo, comenzó a instalar una idea que repite ante sus interlocutores: “unidad con competencia”. Es decir, construir un espacio amplio, pero sin clausurar las internas ni las PASO.
Su papel, según distintas reconstrucciones de esas conversaciones, sería el de articulador entre sectores que hoy mantienen fuertes diferencias. Massa habla con el kirchnerismo, con el sector de Axel Kicillof y con dirigentes territoriales que buscan escapar de esa pelea. En julio, distintas fuentes señalaban que mantenía conversaciones frecuentes con Kicillof y que ambos observaban con atención el escenario de 2027, aunque sin discutir abiertamente sus candidaturas.
Pero hay un detalle político que no debería pasar inadvertido: ser mediador también puede ser una manera de construir una candidatura.
No necesariamente porque Massa esté fingiendo su vocación de unidad. Puede ocurrir exactamente lo contrario. Si pretende volver a disputar una elección presidencial, necesita llegar a la definición de candidaturas habiendo recuperado centralidad, reconstruido vínculos y demostrado que puede conversar con sectores que hoy están enfrentados.
El problema es que la política argentina tiene memoria.
Massa fue candidato presidencial en 2023 y perdió el balotaje frente a Javier Milei. Por eso, cualquier eventual candidatura en 2027 debería atravesar una pregunta inevitable: ¿qué cambió desde aquella elección? La respuesta política de Massa parece apuntar menos a reivindicar el pasado que a presentarse como un dirigente capaz de construir una coalición más amplia.
Y allí aparece Buenos Aires.
La provincia no es un escenario secundario para Massa. Es, históricamente, uno de los territorios donde el Frente Renovador conserva estructura propia, intendentes, legisladores y dirigentes territoriales.
Mientras Massa mantiene abierta la puerta nacional, su partido ya comenzó a moverse electoralmente en la provincia.
El Frente Renovador activó reuniones por distintas secciones electorales y empezó a ordenar su estructura con vistas a 2027. En la Cuarta sección, por ejemplo, reunió a más de 150 dirigentes en Junín. El espacio también avanzó en la Quinta sección y en otros distritos bonaerenses.
La cuestión adquiere otra dimensión cuando aparece un nombre: Juan Andreotti.
El intendente de San Fernando es uno de los dirigentes del massismo que aparece mencionado como posible candidato a gobernador. Massa, de hecho, lo impulsa para competir en una eventual PASO bonaerense, aunque también dejó abierta la posibilidad de respaldar a otros intendentes que quieran participar.
Esto podría leerse de dos maneras.
Una es sencilla: Massa efectivamente está pensando en una construcción presidencial y necesita que el Frente Renovador tenga una candidatura competitiva en Buenos Aires.
La otra es más interesante: Massa podría estar utilizando una eventual candidatura nacional como techo de su negociación política, mientras deja crecer una estructura bonaerense que le permita conservar capacidad de decisión cualquiera sea el escenario.
Porque si finalmente no fuera candidato a presidente, una estructura propia en la provincia le permitiría seguir teniendo una carta política de enorme peso.
Y si decidiera competir por la gobernación, ya tendría buena parte del trabajo territorial iniciado.
Sin embargo, hay un dato que obliga a tomar distancia de la hipótesis de que Massa está preparando secretamente una candidatura a gobernador.
En marzo, versiones periodísticas habían señalado que el exministro no tenía intención, en ese momento, de disputar la sucesión de Kicillof y que prefería que el Frente Renovador construyera una candidatura propia, con Andreotti como uno de los nombres posibles. Al mismo tiempo, Massa dejaba abierta la discusión nacional.
Es decir: hasta ahora, la evidencia pública apunta más claramente a una construcción nacional con fuerte base bonaerense que a una candidatura provincial escondida.
Pero eso no elimina la pregunta.
La política electoral argentina suele funcionar con varias puertas abiertas al mismo tiempo. Y Massa conoce especialmente bien ese mecanismo.
El escenario se vuelve todavía más complejo porque la discusión de Massa no ocurre en el vacío.
Kicillof construye su propio espacio nacional desde la provincia. Cristina Kirchner conserva centralidad dentro del peronismo. Máximo Kirchner mantiene una estructura propia. Y los intendentes bonaerenses intentan, cada vez con mayor claridad, tener voz propia en la definición del futuro del PJ.
En ese contexto apareció la Liga de Intendentes, integrada por jefes comunales como Federico Otermín, Federico Achával, Mariel Fernández, Gustavo Menéndez, Federico Susbielles, Gastón Granados y otros dirigentes territoriales. El grupo mantuvo reuniones con distintos sectores y llegó también hasta Massa.
La cena con Massa en San Fernando fue particularmente significativa.
Duró alrededor de seis horas. Allí se discutieron cuestiones económicas, infraestructura, situación fiscal y problemas de los municipios, pero también la estrategia electoral de 2027. Massa volvió a defender la necesidad de unidad y competencia y se definió, según los distintos relatos sobre el encuentro, como una especie de “arquitecto de la unidad”.
La elección del lugar tampoco fue irrelevante: San Fernando es el territorio político de Andreotti, justamente uno de los dirigentes que el Frente Renovador imagina para la carrera bonaerense.
Ahí aparece la verdadera incógnita.
Si Massa quisiera ser gobernador, debería disputar un territorio que ya tiene varios aspirantes peronistas y que, además, podría convertirse en el principal campo de batalla electoral de 2027.
Si quisiera ser presidente, necesita reconstruir una candidatura nacional después de la derrota de 2023 y, sobre todo, encontrar un mecanismo para convivir con Kicillof y con el kirchnerismo.
Por eso la indefinición puede ser funcional.
No decir “voy” le permite hablar con todos.
No decir “no voy” le permite conservar expectativa.
Y promover la construcción del Frente Renovador en Buenos Aires le permite mantener una estructura territorial propia mientras observa cómo evoluciona la pelea nacional.
Eso no demuestra que Massa quiera ser gobernador. Pero tampoco permite descartar que la provincia sea su principal reserva de poder político.
De hecho, una eventual candidatura de Andreotti podría ser perfectamente compatible con una candidatura presidencial de Massa. Pero también podría funcionar como una cobertura territorial si el propio Massa terminara optando por Buenos Aires.
Hay otro elemento decisivo: las primarias.
Massa viene defendiendo la idea de utilizar las PASO como mecanismo para ordenar al peronismo. Su planteo es que puede haber competencia, pero dentro de un acuerdo general que evite la ruptura.
Eso tiene una consecuencia concreta.
Si hay PASO presidenciales, Massa podría competir.
Si hay PASO bonaerenses, el Frente Renovador podría competir con Andreotti u otra figura.
Y si finalmente existe una negociación previa, Massa conservaría capacidad de incidir en ambos procesos.
En otras palabras, su actual estrategia no necesita que hoy sepamos cuál será su candidatura final.
Necesita que todos sepan que Massa conserva la posibilidad de tener una candidatura.
La hipótesis del tero, entonces, puede reformularse.
Quizás Massa no esté escondiendo una candidatura a gobernador detrás de una candidatura presidencial.
Quizás esté haciendo algo más sofisticado: construir simultáneamente las condiciones para que cualquiera de las dos opciones siga siendo posible.
Mientras habla de unidad nacional, el Frente Renovador arma en las secciones electorales bonaerenses.
Mientras evita confirmar una candidatura presidencial, dirigentes de su espacio lo promueven como candidato natural.
Mientras se presenta como articulador entre Kicillof, Cristina, los intendentes y otros sectores, impulsa nombres propios para la discusión bonaerense.
Y mientras todo el mundo pregunta si quiere volver a competir por la Casa Rosada, su estructura política se mueve especialmente en el territorio donde tiene mayor densidad propia.
Eso no alcanza para afirmar que Massa “en realidad” quiere ser gobernador.
Pero sí alcanza para plantear una pregunta políticamente incómoda:
¿Y si la candidatura presidencial es también parte de la estrategia para conservar abierta la puerta de la provincia?
Hay una diferencia importante entre ser candidato y construir poder para ser candidato. Massa parece estar haciendo, por ahora, lo segundo.
La definición llegará más adelante. Las propias fuentes que siguen sus movimientos coinciden en que el exministro evita cerrar públicamente el escenario. Incluso quienes lo imaginan nuevamente en una boleta presidencial reconocen que la decisión todavía no está tomada.
Por eso, más que preguntarse hoy si Massa será presidente o gobernador, tal vez haya que mirar dónde está poniendo sus fichas.
Y las fichas, por ahora, tienen un color bastante reconocible: Buenos Aires.
Quizás el ruido esté en la candidatura presidencial.
Y quizás el nido, como en la vieja metáfora del tero, esté bastante más cerca de La Plata.