Massa, el arquitecto de una unidad que todavía está en disputa

Massa, el arquitecto de una unidad que todavía está en disputa

Massa, el arquitecto de una unidad que todavía está en disputa
Por: Pablo López


El exministro de Economía busca recuperar protagonismo en la reconstrucción del peronismo y se posiciona como un interlocutor capaz de acercar a sectores enfrentados. La apuesta es construir un frente nacional que trascienda al PJ, aunque la discusión por las candidaturas y el liderazgo sigue abierta.

Sergio Massa volvió a ocupar un lugar central en las conversaciones que definirán el futuro del peronismo. La nueva cumbre de dirigentes, gobernadores y jefes parlamentarios realizada en la Casa de la Provincia de La Pampa dejó una señal política importante: frente al gobierno de Javier Milei, los principales sectores del justicialismo parecen comprender que la fragmentación puede convertirse en su mayor debilidad electoral.

Pero una cosa es sentarse en la misma mesa y otra, bastante más compleja, es acordar quién conduce, quién representa al espacio y qué proyecto se les ofrecerá a los argentinos. En esa diferencia se juega buena parte del futuro del peronismo y también la oportunidad que busca aprovechar Massa.

El exministro de Economía viene desplegando una estrategia que, al menos por ahora, evita la confrontación directa por las candidaturas y privilegia la construcción de acuerdos. Su objetivo declarado es convertirse en el arquitecto de la unidad, un papel que le permite mantener abiertas distintas alternativas sin quedar atrapado prematuramente en una disputa que todavía no tiene resolución.

La reunión de esta semana volvió a poner sobre la mesa la necesidad de construir un frente nacional con otros partidos, sostener las PASO y coordinar una estrategia parlamentaria frente al Gobierno. También se discutieron las prioridades que el peronismo pretende incorporar al Presupuesto 2027: obra pública, infraestructura, financiamiento universitario y recursos para las personas con discapacidad y las provincias.

No hubo definiciones de candidaturas. Y esa ausencia, lejos de ser un detalle, constituye una parte central de la estrategia.

El valor de estar en el medio

Massa tiene una característica que puede resultar determinante en esta etapa: mantiene canales de diálogo con sectores que hoy protagonizan una disputa por la conducción del peronismo. Puede conversar con el kirchnerismo, sostener interlocución con Axel Kicillof y acercarse a gobernadores que necesitan una alternativa nacional, pero que no necesariamente están dispuestos a subordinarse a una conducción bonaerense.

En un peronismo atravesado por desconfianzas, esa capacidad de interlocución constituye un activo político.

Kicillof busca consolidar su proyección nacional y ampliar su armado territorial. Máximo Kirchner conserva influencia sobre una parte importante de la estructura partidaria y sobre el núcleo político que responde a Cristina Fernández de Kirchner. Los gobernadores, por su parte, tienen sus propias necesidades provinciales y pretenden participar de cualquier esquema de conducción futura.

Massa intenta evitar que esas diferencias se transformen en una ruptura definitiva. Su apuesta consiste en que nadie tenga que resignar inmediatamente sus aspiraciones para empezar a construir una alternativa común.

La estrategia tiene lógica: mientras no se resuelva la candidatura presidencial, hay espacio para negociar reglas de competencia, sumar dirigentes y definir una agenda compartida. Sin embargo, también tiene un límite. Ser el hombre que habla con todos no garantiza convertirse en el dirigente que todos estén dispuestos a acompañar.

Una candidatura que no necesita anunciarse todavía

El silencio electoral de Massa no debe confundirse necesariamente con un retiro. Después de la derrota presidencial de 2023, el dirigente del Frente Renovador atravesó un período de menor exposición pública, mientras otros sectores del peronismo comenzaron a disputar el liderazgo de la oposición.

Ahora vuelve a moverse, reactiva vínculos políticos y plantea que habrá un día después de Milei. La frase funciona como una señal de reconstrucción, pero también como una invitación a discutir qué debería ofrecer el peronismo cuando termine el ciclo libertario.

La cuestión es que Massa carga con una dificultad que sus competidores internos no pueden ignorar, pero que tampoco pueden utilizar como argumento para excluirlo automáticamente: fue el candidato presidencial de Unión por la Patria en 2023 y encabezó un gobierno económico que terminó con una derrota electoral y una crisis de confianza en una parte del electorado.

Ese antecedente pesa. No alcanza con reivindicar la experiencia de gestión o la capacidad de negociación. Si pretende volver a disputar el poder nacional, deberá explicar qué aprendió de aquella etapa y qué propuesta económica, productiva y social ofrecería para una nueva Argentina.

Al mismo tiempo, su experiencia como candidato presidencial, ministro de Economía y negociador parlamentario le permite sostener que conoce las dificultades de gobernar y construir mayorías. En un escenario en el que el peronismo todavía no encuentra un liderazgo indiscutido, esa experiencia puede ser una ventaja, siempre que logre transformarla en credibilidad.

Las PASO, mucho más que una discusión electoral

La defensa de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias aparece como uno de los puntos de coincidencia entre los distintos sectores. El oficialismo busca modificar las reglas electorales y el peronismo teme que la suspensión de las PASO termine agravando sus dificultades para definir candidaturas.

La discusión tiene una dimensión institucional, pero también una consecuencia política directa: quién tendrá la posibilidad de competir y bajo qué condiciones.

Para Massa, sostener las primarias supone evitar que la discusión se cierre anticipadamente en favor de un solo dirigente. Para Kicillof, representa una vía para legitimar su eventual candidatura presidencial. Para otros referentes y gobernadores, es una oportunidad para participar de una competencia que hoy no tiene un resultado asegurado.

El acuerdo alrededor de las PASO permite mantener unida una mesa que difícilmente alcanzaría el mismo nivel de consenso si la discusión comenzara por los nombres.

Pero el desafío no termina en defenderlas. El peronismo deberá demostrar que puede organizar una interna sin convertirla en una guerra de facciones y que, una vez elegido un candidato, todos estarán dispuestos a acompañarlo. De lo contrario, la herramienta que debería ordenar la competencia podría profundizar las diferencias.

Un frente que necesita algo más que el rechazo a Milei

La propuesta de construir un frente nacional amplio tiene una razón de peso. El peronismo difícilmente pueda recuperar competitividad si se limita a reunir a sus estructuras tradicionales. Necesita dialogar con sectores del radicalismo, fuerzas provinciales, dirigentes independientes y votantes que no necesariamente se identifican con el kirchnerismo ni con las expresiones más ortodoxas del justicialismo.

En ese terreno, Massa puede aportar contactos, experiencia electoral y una cultura política orientada a los acuerdos. Su Frente Renovador nació, precisamente, de una ruptura con el kirchnerismo y luego volvió a integrarse a una coalición nacional. Esa trayectoria le permite moverse entre sectores que mantienen diferencias profundas sobre el pasado y el futuro del peronismo.

Sin embargo, una coalición no se construye solamente sumando partidos ni distribuyendo lugares en las listas. Necesita una agenda capaz de responder a los problemas cotidianos: salarios que pierden poder adquisitivo, empleo, producción, seguridad, educación, infraestructura y acceso a la vivienda.

La oposición puede encontrar coincidencias para cuestionar el rumbo económico del Gobierno, pero necesita explicar qué haría de manera diferente y cómo financiaría sus propuestas. El recuerdo de la inflación y de las dificultades económicas de los últimos años sigue siendo un obstáculo que ningún acuerdo dirigencial resolverá por sí solo.

Massa deberá demostrar que su propuesta de amplitud significa algo más que una operación electoral para reunir a los que hoy están enfrentados con Milei.

El desafío de volver a ser una opción de poder

La reconstrucción del peronismo no depende exclusivamente de Massa, pero su papel puede resultar importante para que los diferentes sectores encuentren un mecanismo de convivencia. Su principal fortaleza es la capacidad de negociación; su principal riesgo, quedar reducido a un intermediario entre dirigentes que sí tienen aspiraciones presidenciales propias.

Si Kicillof consolida su proyección nacional, si el kirchnerismo decide respaldar otra alternativa o si los gobernadores promueven un candidato propio, Massa tendrá que resolver hasta dónde está dispuesto a acompañar una construcción colectiva y en qué momento defenderá sus propias aspiraciones.

Por ahora, parece apostar a ganar centralidad antes de discutir candidaturas. Es una decisión razonable para un dirigente que necesita reconstruir confianza y ampliar su espacio de influencia después de la derrota de 2023.

La foto de unidad puede ser un primer paso, pero no resuelve la pregunta fundamental: quién tiene la capacidad de conducir una coalición heterogénea y convencer a una mayoría social de que existe una alternativa viable al proyecto libertario.

Massa quiere ocupar ese lugar desde la negociación, sin precipitar una disputa que podría dejarlo aislado. La incógnita es si podrá convertir su condición de articulador en liderazgo político.

El peronismo necesita unidad, pero también renovación, autocrítica y un programa que recupere la confianza de los sectores que dejaron de acompañarlo. Si la reconstrucción se limita a una mesa de dirigentes que acuerdan defender sus posiciones, el frente nacerá con un techo bajo. Si consigue transformar esas conversaciones en una propuesta concreta, la historia puede ser diferente.

En esa disputa, Massa tiene una oportunidad: demostrar que la unidad no consiste en evitar las diferencias, sino en encontrar una forma de resolverlas sin destruir el espacio común. Y, sobre todo, que después de Milei puede existir algo más que una coalición electoral: un proyecto de país capaz de volver a ser una opción de gobierno.

Publicado el: 2026-10-23