
Desde estas columnas donde cubrimos y analizamos al mayor movimiento de nacional de America Latina que es el peronismo, venimos contando del terror que tiene La Cámpora y sus satélites, partidos progresistas sin votos pero con caciques como el de Sabbatella o el de Heller, a competir en las urnas en un mano a mano contra el gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof.
El miedo a perder es total, porque se les acabaría el poder que les da la lapicera desde que murió Néstor Kirchner y llegaron al gobierno en 2011. Nos hemos cansado de contar como los muchachos manejan los armados, como en la PBA iban Wado de Pedro y el impresentable de José Ottavis, ya olvidado por quienes le dieron un poder inmenso. Ese rol hoy lo ocupa, el diputado Facundo Tignanelli, a quien denominamos “el chirolita” de Máximo.
Su nueva estrategia es la posibilidad de que Cristina Kirchner encabece una lista como candidata a presidenta, una movida electoral que tiene como objetivo vaciarle a Axel Kicillof su armado nacional.
La Cámpora lanzó el viernes pasado un operativo en la redes para cuestionar al periodista Eduardo Feinmann en una jugada en la que se empezó a instalar la candidatura de Cristina.
La primera línea de la agrupación que lidera Máximo Kirchner difundió un recorte de A24 donde Feinmann conversa con Ignacio Ortelli y cuenta que una posible estrategia del kirchnerismo es llevar a Cristina como candidata a presidenta obligar a la justicia electoral a explicitar su proscripción. Esto le dará una enorme centralidad a la expresidenta que estará en los afiches y quizás en la Boleta Única en Papel.
Supuestamente a los soldados de CFK les molestó que los periodistas destacaran que el objetivo final de Cristina es lograr que Axel Kicillof pierda la elección. Pero fue evidente el esfuerzo por instalar la posibilidad de una candidatura de Cristina.
El tema es que todas sus acciones, tienden más boicotear al gobernador, condicionarlo, obligarlo a que arregle con ellos, que a construir una alternativa seria a Milei, que termine con la agonía que padecen millones de argentinos.
Si Kicillof fuese a ver a Cristina y le dice apóyame como presidente y vos armas las listas, este tema ya hubiese estado resuelto hace bastante, porque es lo único que les interesa, conservar su poder.
El tema es que no se trata solo del gobernador, los intendentes bonaerenses y el peronismo de todo el país, están hartos del dedo de Cristina y de las decisiones de su hijo y los soldaditos que repiten como loros. Más allá de no dejar de reconocer la persecución judicial que recibió sin derecho a defensa, cuando Macri pasea impunemente por el mundo o el presidente se libera de la estafa de Libra, la discusión pasa por democratizar de una vez la conducción del peronismo y que ideas de izquierda o ajenas a la doctrina sean validadas como verdades.
Un 60% de la población desaprueba a este gobierno que está llevando a la ruina a la Argentina. ¿El peronismo va a trabajar para por lo menos convencer al 51% o va a seguir discutiendo el sexo de los ángeles, peleando por cargos o intereses personales de casta, mientras la nación va a un precipicio del que va a ser muy difícil salir?