Larreta, Lousteau y La Cámpora: el frente anti-Milei que puede unir a los enemigos de ayer

Larreta, Lousteau y La Cámpora: el frente anti-Milei que puede unir a los enemigos de ayer

Larreta, Lousteau y La Cámpora: el frente anti-Milei que puede unir a los enemigos de ayer
Por: Pablo López


La posibilidad de una alianza opositora en la Ciudad de Buenos Aires expone la crisis de las identidades políticas tradicionales. Con el PRO y los libertarios ante la posibilidad de confluir, sectores del radicalismo, el peronismo y el larretismo exploran un acuerdo que tiene un objetivo común, pero todavía muchas diferencias por resolver.

La política porteña empieza a ensayar una de esas alquimias que hasta hace poco parecían imposibles: sentar en una misma mesa a Horacio Rodríguez Larreta, Martín Lousteau y sectores del peronismo vinculados a La Cámpora para construir un frente capaz de disputar el gobierno de la Ciudad en 2027.

No se trata todavía de una alianza cerrada, ni mucho menos de un acuerdo programático. Son conversaciones preliminares, movimientos tácticos y señales de acercamiento que responden a una preocupación compartida: evitar que el PRO y La Libertad Avanza consoliden un entendimiento electoral que les permita retener el poder porteño y proyectar esa sociedad hacia la política nacional.

La eventual conformación de un frente anti-Milei tiene, sin embargo, una particularidad. No nace de una coincidencia ideológica, sino de la necesidad de supervivencia de dirigentes y espacios que ven amenazada su representación en un escenario cada vez más polarizado.

Y allí aparece la primera paradoja: quienes durante años construyeron sus identidades políticas enfrentándose entre sí ahora podrían encontrar en el rechazo al Gobierno nacional una razón suficiente para compartir una estrategia electoral.

El fin de una época y la amenaza de un nuevo reparto del poder

Desde 2007, el PRO construyó en la Ciudad de Buenos Aires uno de los principales bastiones de su poder político. La sucesión entre Mauricio Macri, Rodríguez Larreta y Jorge Macri consolidó una estructura que sobrevivió a diferentes coyunturas nacionales y convirtió al distrito en una plataforma de proyección presidencial.

Pero el escenario cambió. La irrupción de Javier Milei alteró el equilibrio de fuerzas de la derecha y puso al PRO ante una disyuntiva estratégica: competir contra los libertarios, arriesgándose a perder poder, o acordar con ellos y aceptar una posición subordinada dentro de una coalición liderada por el Presidente.

Para Jorge Macri, que ya anticipó su intención de buscar la reelección, el problema es concreto. Un acuerdo con La Libertad Avanza podría fortalecer su competitividad frente a la oposición, pero también profundizar la pérdida de autonomía de un partido que durante años pretendió representar una alternativa propia dentro del universo no peronista.

Ese movimiento abre una oportunidad para sus adversarios. Si el PRO y los libertarios convergen, los sectores que rechazan ese entendimiento pueden intentar ocupar el espacio vacante de una oposición más amplia, desde el radicalismo crítico hasta el peronismo porteño.

El cálculo es sencillo: divididos, cada uno corre el riesgo de quedar relegado; unidos, podrían disputar la elección con posibilidades mayores. El problema es que la suma de estructuras, votos y dirigentes no garantiza automáticamente una identidad electoral competitiva.

Larreta quiere volver, pero no está dispuesto a ser un socio menor

Horacio Rodríguez Larreta es una de las piezas centrales de este posible armado. Después de su ruptura política con Mauricio Macri y de su distanciamiento del PRO, el exjefe de Gobierno busca recuperar protagonismo a partir de una construcción propia, con recorridas barriales y un discurso enfocado en la gestión de la Ciudad.

Su resultado electoral de 2025, cuando obtuvo alrededor del 8% de los votos, dejó en evidencia que conserva un nivel de reconocimiento, pero también que está lejos de recuperar la hegemonía que supo ejercer. Su entorno considera que tiene margen para crecer y apuesta a que el desgaste de la política porteña y las tensiones entre el PRO y los libertarios le permitan ampliar su base electoral.

En ese contexto, un acuerdo con Lousteau y el peronismo podría ofrecerle una nueva oportunidad. Larreta conserva experiencia de gestión, conocimiento territorial y capacidad para competir en una elección ejecutiva. Son atributos que algunos sectores opositores consideran valiosos frente a un oficialismo que buscará retener la Ciudad.

Pero el exjefe de Gobierno no parece dispuesto a incorporarse como un dirigente más dentro de una estructura conducida por otros. Su aspiración es volver a ocupar el centro de la escena, y esa ambición puede convertirse en el primer obstáculo para la unidad.

El interrogante es si sus eventuales socios están dispuestos a acompañarlo o si pretenden disputar, en una interna, quién tiene mejores condiciones para encabezar el proyecto.

Lousteau busca una tercera vía y el peronismo enfrenta su propio dilema

Martín Lousteau también tiene razones para impulsar una confluencia opositora. El radicalismo que representa mantiene diferencias profundas con el Gobierno nacional y rechaza un acuerdo con La Libertad Avanza. Sin embargo, su capacidad para competir en soledad depende de una estructura electoral que en la Ciudad enfrenta la presión de dos fuerzas con mayor capacidad de polarización.

La posibilidad de una gran PASO que incluya a Larreta y a referentes del peronismo aparece como una salida para ordenar esa competencia sin obligar a los distintos espacios a resignar anticipadamente sus candidaturas.

Pero Lousteau tiene una condición: no quiere ser el acompañante de una candidatura ajena. El radicalismo necesita demostrar que puede conservar una identidad propia y que su rechazo a Milei no implica quedar absorbido por el peronismo ni por el proyecto personal del exjefe de Gobierno.

Del otro lado, el justicialismo porteño enfrenta una dificultad diferente. En las elecciones de 2025 obtuvo resultados significativamente superiores a los de Larreta, con porcentajes que rondaron entre el 27% y el 30%, según las listas y los sectores considerados. Esa fortaleza electoral le da argumentos para reclamar un lugar central en cualquier negociación.

Sin embargo, el peronismo tiene un problema estratégico: su desempeño en las elecciones ejecutivas porteñas no siempre se tradujo en capacidad para disputar el gobierno. En 2023, Leandro Santoro obtuvo el 32,2% de los votos en la primera vuelta y decidió no competir en el balotaje frente a Jorge Macri.

La pregunta es si el peronismo puede transformar su caudal electoral en una alternativa de gobierno o si necesita asociarse con dirigentes de otros espacios para superar sus dificultades en una segunda vuelta.

En esa discusión, Larreta aparece como un candidato potencialmente competitivo para una parte de la oposición, mientras que Santoro conserva representación dentro del electorado peronista. La convivencia de ambos liderazgos exigiría reglas claras y una competencia interna que todos estén dispuestos a aceptar.

La Cámpora, el socio que incomoda

La principal contradicción de este eventual frente está en la participación de La Cámpora. La agrupación vinculada a Cristina Fernández de Kirchner conserva peso dentro del peronismo, pero genera resistencias entre sectores radicales y dirigentes que integraron el espacio de Juntos por el Cambio.

Para algunos de los posibles aliados, el problema no es solamente electoral. La identidad kirchnerista representa un límite político que difícilmente pueda borrarse mediante un acuerdo de ocasión. Para otros, excluir a La Cámpora significaría resignar una parte importante de la estructura y de los votos del justicialismo porteño.

El dilema es evidente: ¿cómo construir una coalición amplia contra Milei si una parte de sus integrantes considera que el kirchnerismo es incompatible con el proyecto que pretende representar?

El peronismo, además, tampoco tiene una posición uniforme. Mientras algunos dirigentes podrían ver en Larreta y Lousteau una oportunidad para ampliar la base electoral, otros sostienen que el PJ debe presentar una candidatura propia y preservar su identidad.

La posibilidad de que Mariano Recalde compita en una primaria, por ejemplo, refleja que el kirchnerismo no necesariamente está dispuesto a ceder la representación del espacio a un dirigente proveniente del antiguo oficialismo porteño.

Una PASO podría resolver la disputa por las candidaturas, pero no eliminaría las diferencias sobre la conducción política, el programa de gobierno ni el papel que tendría cada sector en una eventual administración.

Un frente contra Milei no es necesariamente un proyecto para la Ciudad

La experiencia argentina demuestra que los acuerdos electorales construidos exclusivamente sobre el rechazo a un adversario pueden resultar eficaces para ganar una elección, pero también pueden convertirse en una fuente de conflictos cuando llega el momento de gobernar.

La pregunta de fondo es qué propone esta eventual alianza para Buenos Aires. ¿Una nueva etapa de gestión con prioridades compartidas en seguridad, transporte, vivienda, educación y desarrollo urbano? ¿Una revisión de las políticas del macrismo? ¿O simplemente un acuerdo para evitar que el oficialismo porteño se alinee con Milei?

Sin respuestas concretas, el frente corre el riesgo de convertirse en una coalición negativa: todos unidos contra alguien, pero sin una propuesta común sobre qué hacer después.

También deberá resolver una cuestión elemental: quién conduce. Larreta tiene experiencia ejecutiva; Lousteau pretende representar una alternativa radical; Santoro y el peronismo cuentan con un caudal electoral que no puede ignorarse. Ninguno tiene motivos para entregar su capital político sin garantías.

Y si el mecanismo elegido fuera una primaria, el resultado debería ser aceptado por todos. De lo contrario, la competencia interna podría terminar reproduciendo la fragmentación que el acuerdo pretende superar.

El fantasma de la casta unida

La eventual alianza también puede ofrecerle un argumento a Javier Milei. El Presidente construyó buena parte de su identidad política sobre la confrontación con la dirigencia tradicional y la denuncia de los acuerdos entre sectores que durante años se presentaron como adversarios.

Una fotografía de Larreta, Lousteau y dirigentes camporistas compartiendo un proyecto electoral podría reforzar ese relato. Para el oficialismo, sería una oportunidad para presentar la elección como una disputa entre la continuidad de su programa y una coalición de dirigentes que buscan recuperar posiciones de poder.

Eso no significa que la unidad opositora esté condenada al fracaso. En determinadas circunstancias, la coordinación entre fuerzas diferentes es una herramienta legítima y necesaria para competir. Pero obliga a sus protagonistas a explicar por qué se unen, qué los diferencia del oficialismo y qué compromisos están dispuestos a asumir ante los votantes.

Si el único argumento es frenar a Milei, la alianza quedará atrapada en la agenda presidencial y le resultará más difícil hablar de los problemas concretos de los porteños. Si, en cambio, consigue presentar una propuesta de gestión consistente, podría construir una alternativa que exceda el rechazo al Gobierno nacional.

La batalla por 2027 ya comenzó

La posible confluencia entre Larreta, Lousteau y el peronismo porteño revela que la disputa de 2027 empezó mucho antes del calendario electoral. También muestra que el sistema de alianzas surgido en las últimas décadas atraviesa una transformación profunda.

El PRO ya no puede dar por descontado su dominio de la Ciudad. El radicalismo necesita encontrar una estrategia para no quedar atrapado entre dos polos más fuertes. El peronismo debe resolver cómo convertir sus votos en una opción de gobierno. Y Larreta busca demostrar que todavía puede ser protagonista de una elección ejecutiva.

Todos tienen motivos para conversar, pero ninguno parece dispuesto a renunciar a sus aspiraciones.

La incógnita no es solamente si lograrán construir un frente anti-Milei. Es si podrán superar las rivalidades personales, las diferencias ideológicas y los límites que ellos mismos establecieron durante años.

Porque una cosa es compartir el rechazo a un adversario y otra muy distinta es acordar un rumbo para gobernar.

En la Ciudad de Buenos Aires, donde el PRO construyó su principal bastión y Milei busca consolidar el avance libertario, esa diferencia puede definir la elección de 2027. El frente opositor todavía es una hipótesis. Su principal desafío será demostrar que puede ser algo más que una suma de dirigentes preocupados por quedarse afuera.

Publicado el: 2026-10-20