Lacunza, el candidato del fracaso

Lacunza, el candidato del fracaso

Lacunza, el candidato del fracaso
Por: José María Fernández


Por estas horas, Hernán Lacunza comenzó a dejar trascender que le gustaría competir por la Presidencia de la Nación representando al PRO. El economista intenta mostrarse como una voz técnica, moderada y experimentada. Sin embargo, cuando se repasa su recorrido en la gestión pública y privada, la pregunta aparece inevitable: ¿cuáles son los antecedentes que lo habilitan a presentarse como la solución para la Argentina?

La política suele ser generosa con quienes fracasan. En pocos países del mundo alguien que dejó un tendal de problemas económicos podría volver a ofrecerse para conducir el destino del país como si nada hubiera ocurrido. Lacunza parece dispuesto a intentarlo.

Su primer gran examen fue como ministro de Economía de la provincia de Buenos Aires durante la gestión de María Eugenia Vidal. Aquel gobierno contó probablemente con el mayor respaldo mediático que haya tenido una administración bonaerense desde el regreso de la democracia. La imagen de Vidal era protegida diariamente por buena parte de los grandes medios nacionales, que minimizaron errores de gestión y amplificaron cualquier logro.

Sin embargo, cuando llegó la hora de votar, el veredicto popular fue lapidario. Axel Kicillof derrotó a Vidal por más de catorce puntos de diferencia. Fue una de las peores derrotas electorales sufridas por el PRO desde su nacimiento. Si la gestión económica hubiera sido exitosa, difícilmente semejante respaldo mediático habría terminado en una paliza en las urnas.

Pero la historia de Lacunza no terminó allí.

Mauricio Macri lo convocó para hacerse cargo del Ministerio de Economía en los meses finales de un gobierno que ya navegaba una profunda crisis financiera. Su paso por el Palacio de Hacienda dejó algunas de las decisiones más traumáticas de aquel período.

Durante su gestión se produjo el reperfilamiento de la deuda en pesos, una medida que en los hechos significó el incumplimiento de los vencimientos comprometidos con los acreedores. El propio gobierno evitó utilizar la palabra "default", pero el mercado interpretó aquella decisión como un incumplimiento de las obligaciones asumidas.

Pocos días después, el mismo espacio político que había prometido eliminar las restricciones cambiarias terminó restableciendo el cepo al dólar. El gobierno que había hecho de la "normalización" financiera una bandera concluyó su mandato reimplantando controles que había criticado durante años.

Y mientras la campaña presidencial llegaba a su desenlace, apareció también un inesperado giro fiscal. Después de haber defendido durante cuatro años la austeridad y el ajuste, la administración Macri lanzó un paquete de medidas de alivio económico, reducción de impuestos, bonos y mejoras para distintos sectores con el objetivo de intentar acortar la distancia que Alberto Fernández le había sacado en las PASO. Fue el llamado "plan platita" de un gobierno que hasta entonces había cuestionado con dureza ese tipo de políticas cuando eran aplicadas por el peronismo.

Nada alcanzó. Alberto Fernández terminó imponiéndose con comodidad y Cambiemos dejó el poder.

Hoy Lacunza vuelve a presentarse como referente económico y hasta desliza aspiraciones presidenciales. Lo hace desde la comodidad de la actividad privada, asesorando entidades financieras y ocupando cargos institucionales. Entre ellos, su función en el Banco de Córdoba y la vicepresidencia de Racing Club.

Precisamente su desempeño en la Academia tampoco parece fortalecer sus credenciales políticas.

Como vicepresidente segundo del club, su presencia pública ha sido prácticamente inexistente. Son numerosos los socios que cuestionan que haya sido una figura utilizada durante la campaña electoral para sumar prestigio técnico, pero con escasa participación en la conducción cotidiana de la institución.

La actual dirigencia de Racing atraviesa además un creciente desgaste político. Durante los últimos meses comenzaron a multiplicarse los cánticos e insultos contra la comisión directiva encabezada por Diego Milito, en medio del malestar por decisiones deportivas e institucionales.

En ese contexto, Lacunza tampoco logró diferenciarse ni asumir un rol visible. Para muchos hinchas representa el símbolo de una dirigencia ausente: ocupa uno de los cargos más importantes del club, pero su participación pública resulta casi imperceptible mientras las críticas se acumulan.

La política exige asumir responsabilidades por los resultados. Y los antecedentes de Hernán Lacunza muestran una constante difícil de ignorar: integró un gobierno bonaerense que sufrió una derrota histórica, fue el último ministro de Economía de Mauricio Macri en una de las crisis más profundas de ese ciclo, debió administrar un reperfilamiento de deuda, restablecer el cepo cambiario y acompañar un paquete de medidas de emergencia que buscó sin éxito revertir una elección perdida. Ahora pretende encabezar un nuevo proyecto presidencial mientras también integra una conducción deportiva cuestionada por buena parte de sus propios socios.

Todo dirigente tiene derecho a volver a competir. Pero también es razonable preguntarse si la experiencia acumulada por Lacunza constituye un aval para aspirar a la Presidencia o, por el contrario, un recordatorio de por qué buena parte de la sociedad decidió darle la espalda en el pasado.

Publicado el: 2026-08-03