
La histórica unidad de la izquierda argentina atraviesa uno de sus momentos de mayor tensión. El Partido Obrero (PO) cuestionó duramente a Myriam Bregman y al Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS), al acusarlos de avanzar hacia una ruptura del Frente de Izquierda y de los Trabajadores-Unidad (FIT-U) para desarrollar una estrategia electoral propia de cara a 2027.
El conflicto volvió a quedar expuesto esta semana a partir del cierre de listas para la elección de convencionales constituyentes en San Carlos de Bariloche. Allí, el PTS, principal fuerza de referencia de Bregman, cerró un acuerdo con el Movimiento Socialista de los Trabajadores (MST), mientras que el Partido Obrero y la Izquierda Socialista quedaron afuera del armado.
Para el PO, lejos de tratarse de una diferencia circunstancial, la decisión forma parte de un proceso que viene acumulando tensiones desde hace meses.
En un artículo publicado en Prensa Obrera, los dirigentes Pablo Giachello y Juan García cuestionaron la estrategia del sector de Bregman y consideraron que el episodio de Bariloche podría ser un paso más hacia una ruptura del FIT-U.
Uno de los principales puntos de conflicto estuvo relacionado con el conflicto laboral de FATE y el Sindicato Único de Trabajadores del Neumático Argentino (Sutna). Según el PO, desde el espacio de Bregman se les habría reclamado repudiar la lucha de los trabajadores, algo que los dirigentes consideraron incompatible con una fuerza política que reivindica la representación de la clase trabajadora.
“Es realmente incomprensible que un partido de izquierda le pida a otro que repudie una lucha obrera”, sostuvo un dirigente del Partido Obrero consultado sobre la disputa.
La discusión interna excede, según el PO, el armado de una lista en una ciudad patagónica. El eje de la disputa está puesto en la estrategia política que debería adoptar la izquierda frente a las elecciones de 2027.
Los sectores críticos de Bregman consideran que la dirigente está intentando construir un perfil más amplio, alejándose de algunas posiciones históricas de la izquierda trotskista para captar votantes independientes y sectores de clase media afectados por la situación económica.
En ese análisis también aparece el peronismo como un territorio electoral en disputa.
Bregman viene registrando un crecimiento significativo en distintos estudios de opinión pública. Una medición de CB Global Data citada por Noticias Argentinas le asigna un 7,6% de intención de voto para 2027, ubicándola cuarta, detrás de Javier Milei, Cristina Kirchner y Axel Kicillof.
Otra encuesta, realizada por OPSA-UBA, la ubicó al frente del ranking de imagen positiva entre distintos dirigentes potencialmente presidenciables, con un 44%. Al mismo tiempo, registra un 43% de imagen negativa, lo que muestra una dirigente con un alto nivel de conocimiento pero con escaso margen entre valoración positiva y negativa.
Para el PO, esos números ayudan a explicar el nuevo posicionamiento de Bregman.
La hipótesis de los dirigentes críticos es que la dirigente podría intentar aprovechar su creciente nivel de conocimiento para disputar un electorado más amplio que el tradicional voto de izquierda.
Dentro del Partido Obrero también recuerdan otros episodios que, a su entender, muestran un cambio de orientación.
Uno de ellos fue el acto realizado por Bregman el 1° de mayo en el estadio de Ferro, mientras otras organizaciones de izquierda y movimientos sociales se movilizaron a Plaza de Mayo.
También cuestionan la decisión de impulsar una denominada “marcha de la bronca” sin un debate previo dentro de las organizaciones que integran el FIT-U.
Para el PO, estos movimientos forman parte de una estrategia que busca otorgarle mayor autonomía política a Bregman y al PTS, incluso por encima de los acuerdos históricos que permitieron consolidar al Frente de Izquierda.
En ese marco apareció uno de los cuestionamientos más fuertes: el supuesto acercamiento de Bregman al peronismo.
Desde el PO observan con preocupación que la dirigente no cierre completamente la puerta a eventuales entendimientos electorales en un escenario de segunda vuelta. La lectura interna es que cualquier acercamiento de ese tipo implicaría abandonar uno de los principios históricos del FIT-U: la independencia política respecto del peronismo y de las fuerzas tradicionales.
Por ahora, ninguna de las partes formalizó la ruptura del Frente de Izquierda. Sin embargo, las diferencias comienzan a adquirir una dimensión nacional y ponen en discusión la continuidad de una alianza que logró convertirse en una referencia estable de la izquierda argentina.
El PO sostiene que el FIT-U continúa siendo necesario para garantizar una representación política común y conservar presencia territorial, sindical y parlamentaria.
Al mismo tiempo, reconoce que Bregman se transformó en la principal figura pública del espacio y que su crecimiento en las encuestas constituye un activo electoral para toda la izquierda.
El problema aparece cuando esa popularidad comienza a chocar con las estrategias de los distintos partidos que integran la coalición.
La discusión, en definitiva, parece ser mucho más profunda que una disputa por candidaturas o lugares en una lista. Lo que está en juego es qué izquierda llegará a 2027: una fuerza que mantenga su identidad histórica y su autonomía frente al peronismo o un espacio que intente ampliar sus fronteras electorales para disputar votos por fuera de su núcleo tradicional.
Y en esa discusión, Myriam Bregman ocupa hoy el centro de la escena.
La paradoja es que el crecimiento de su figura, que podría haber fortalecido a todo el Frente de Izquierda, amenaza con convertirse en el principal factor de tensión dentro del propio espacio.