
La última medición de la Universidad de San Andrés muestra un escenario incómodo para el Gobierno: la aprobación se mantiene en 35%, mientras que el 61% desaprueba la gestión. Además, el 69% de los consultados se declara insatisfecho con el rumbo del país. En intención de voto para 2027, el peronismo obtiene 26% y La Libertad Avanza 24%.
La nueva edición de la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés dejó una fotografía que debería encender algunas luces amarillas en la Casa Rosada.
El dato más contundente aparece antes incluso de hablar de candidatos o elecciones: siete de cada diez argentinos consultados dicen estar insatisfechos con el rumbo del país.
El 69% manifestó algún grado de insatisfacción, mientras que apenas el 29% expresó satisfacción. El dato prácticamente mantiene los niveles registrados en la medición anterior y confirma que el malestar social continúa instalado.
La encuesta fue realizada por el Laboratorio de Observación de la Opinión Pública de la Universidad de San Andrés entre el 5 y el 11 de agosto de 2026. Se relevaron 1.000 personas mayores de 18 años con acceso a internet en todo el país, con una muestra estratificada por región, edad y nivel socioeconómico y ponderada según el voto de las elecciones de 2025. El intervalo de credibilidad estimado es de aproximadamente 3,15 puntos porcentuales.
La aprobación de la gestión de Javier Milei se ubicó en 35%, mientras que el 61% manifestó desaprobación.
Pero el desglose ofrece un dato todavía más significativo: apenas el 11% dijo que “aprueba mucho” la gestión y otro 24% señaló que la aprueba “algo”.
Del otro lado, 50 puntos de los 61 de desaprobación corresponden a quienes directamente dijeron que “desaprueban mucho”.
La lectura política es evidente: el Gobierno conserva un núcleo duro de apoyo, pero tiene dificultades para ampliar esa base.
De hecho, la evaluación de la gestión parece haberse estabilizado en una zona de baja aprobación. El problema para el oficialismo ya no es solamente cuánto mide Milei, sino cuánto margen tiene para recuperar adhesiones entre aquellos que alguna vez lo acompañaron y hoy manifiestan dudas o directamente rechazo.
La encuesta también muestra que las preocupaciones económicas volvieron a tener un peso central en el humor social.
Salarios, empleo y situación económica aparecen entre los principales problemas señalados por los argentinos. El malestar ya no se explica exclusivamente por cuestiones institucionales o políticas: la discusión vuelve a aterrizar en el bolsillo.
Esto representa un desafío particularmente importante para un Gobierno que construyó buena parte de su legitimidad sobre la promesa de estabilizar la economía.
Porque si la estabilización macroeconómica no consigue traducirse en una mejora perceptible en los ingresos y en las expectativas cotidianas, el relato económico comienza a encontrar un límite.
En el escenario de intención de voto hacia 2027 aparece otro dato que seguramente será leído con atención por oficialistas y opositores.
El peronismo obtiene 26%, mientras que La Libertad Avanza llega al 24%.
El PRO y el Frente de Izquierda aparecen con 5% cada uno, mientras que un 20% todavía no sabe a quién votaría y otro 5% prefirió no responder.
Por lo tanto, una cuarta parte del electorado permanece fuera de las opciones partidarias definidas.
La diferencia entre peronismo y LLA, además, está dentro del intervalo de credibilidad de la encuesta. Por eso el dato no permite hablar de una ventaja estadísticamente consolidada del peronismo, pero sí muestra algo políticamente relevante: el oficialismo ya no aparece solo frente al peronismo.
La elección de 2027 comienza a mostrar una competencia abierta.
La encuesta también permite observar dónde están las fortalezas de cada espacio.
LLA alcanza su mejor registro entre los menores de 29 años, con 27%, mientras que el peronismo llega al 21% en ese segmento.
Pero entre los mayores de 62 años el panorama cambia: el peronismo alcanza 32% y LLA 24%.
También existen diferencias importantes según nivel socioeconómico.
Entre los sectores ABC1, LLA obtiene 28% contra 19% del peronismo. En los sectores de nivel socioeconómico bajo ocurre exactamente lo contrario: el peronismo llega al 29% y LLA baja al 21%.
Es decir, la Argentina electoral de Milei sigue teniendo un fuerte componente generacional y socioeconómico.
El Presidente conserva buena parte de su atractivo entre los jóvenes y los sectores de mayores ingresos, mientras que el peronismo encuentra una base más sólida entre los sectores populares y los mayores.
La encuesta también deja una advertencia para la oposición.
Que el peronismo aparezca dos puntos por encima de LLA no significa que haya recuperado automáticamente la confianza social.
Hay un 25% de los encuestados que no expresa una preferencia concreta entre “no sabe” y “no contesta”. Y esa masa electoral puede definir una elección.
Por eso, el dato más importante de la encuesta quizás no sea que el peronismo mida 26% o que Milei mida 24%, sino que ninguno de los dos espacios consigue apropiarse de una mayoría social.
El Gobierno tiene un problema de desgaste.
El peronismo tiene un problema de credibilidad.
Y entre ambos queda un electorado considerable que todavía no decidió qué camino tomar.
La fotografía que entrega la Universidad de San Andrés es incómoda para Milei porque combina tres elementos que, juntos, pueden convertirse en un problema electoral.
Alta insatisfacción con el rumbo del país.
Desaprobación mayoritaria de la gestión.
Y un escenario electoral en el que el oficialismo ya no aparece claramente por encima de su principal adversario.
Sin embargo, tampoco hay que sobreactuar los resultados.
La diferencia entre peronismo y LLA está dentro del margen de credibilidad y todavía falta mucho para 2027.
Pero hay algo que el Gobierno no debería ignorar: la sociedad parece haber entrado en una etapa distinta a la del primer tramo del mandato.
El entusiasmo inicial dejó paso a una evaluación mucho más concreta.
Ya no alcanza con prometer que el futuro será mejor.
Ahora una parte creciente de los argentinos empieza a preguntar cuándo llegará ese futuro.
Y esa pregunta, más que cualquier encuesta electoral, puede terminar definiendo la próxima elección.