Inflación: el dato de CABA enciende una alarma y obliga a revisar las expectativas

Inflación: el dato de CABA enciende una alarma y obliga a revisar las expectativas

Inflación: el dato de CABA enciende una alarma y obliga a revisar las expectativas
Por: Hugo Goldstein


Hay números que no permiten sacar conclusiones definitivas, pero sí obligan a hacerse preguntas. El dato de inflación de la Ciudad de Buenos Aires correspondiente a julio es uno de ellos.

El IPC porteño registró una suba del 2,9%, después del 1,8% de junio. Es decir, en apenas un mes la inflación saltó 1,1 puntos porcentuales y quebró una racha de tres meses de desaceleración. En los primeros siete meses del año, la inflación acumulada en CABA llegó al 19,4%, mientras que la variación interanual alcanzó el 33,2%.

El dato, por sí solo, no significa que la inflación nacional vaya a ser exactamente 2,9%. Pero sí introduce una pregunta incómoda: ¿la economía argentina está encontrando nuevamente un piso inflacionario más elevado?

Y esa es la cuestión que el Gobierno debería mirar con mayor atención.

Un salto que no puede ser ignorado

Hay una explicación parcialmente tranquilizadora.

El índice porteño estuvo fuertemente influido por los precios estacionales, que aumentaron 10,9%, fundamentalmente por el impacto de las vacaciones de invierno. También los servicios tuvieron una aceleración importante, con una suba del 3,8%. Restaurantes, hoteles, recreación y cultura tuvieron aumentos asociados al turismo y al movimiento de las vacaciones.

Por eso sería apresurado decir que la inflación estructural volvió al 3%.

Pero también sería un error mirar solamente los componentes estacionales y concluir que no pasó nada.

Porque los alimentos aumentaron 1,9%.

Y ese dato es especialmente importante.

Los alimentos tienen una incidencia directa sobre la percepción cotidiana de la inflación. No importa demasiado que un índice general haya sido impulsado por hoteles o paquetes turísticos cuando el consumidor entra al supermercado y encuentra que los productos que compra habitualmente continúan aumentando.

La inflación puede bajar estadísticamente y, sin embargo, seguir siendo una preocupación social.

¿Qué puede pasar con el IPC nacional?

El dato del INDEC correspondiente a junio había sido de 1,9%, con una inflación acumulada de 16,8% en el primer semestre y una inflación interanual de 33,5%.

Para julio, las estimaciones privadas que se manejaban antes de conocerse el dato porteño estaban alrededor del 2% y algunas proyectaban una aceleración moderada.

Ahora CABA aparece bastante por encima de esas referencias.

Eso no significa que el IPC nacional vaya necesariamente a ubicarse cerca del 3%. La estructura de ponderaciones del índice porteño es diferente y, además, el impacto de las vacaciones de invierno fue particularmente fuerte en la Ciudad.

Pero el 2,9% funciona como una señal de alerta temprana.

Mi escenario más razonable, con la información disponible, es que el IPC nacional de julio pueda ubicarse por encima de junio y probablemente en una zona cercana al 2%, con riesgo de acercarse al 2,2%-2,4% si otros relevamientos muestran una aceleración similar.

Y hay algo todavía más importante: aunque julio termine cerca del 2%, el dato de CABA vuelve a poner en discusión la posibilidad de que la inflación mensual tarde más de lo esperado en perforar ese nivel.

El problema es el piso, no solamente el techo

La discusión económica argentina suele concentrarse en si la inflación sube o baja.

Pero para analizar lo que viene hay que mirar otra cosa: el piso sobre el cual se mueve.

Si una economía venía pasando de 3% a 2,5%, luego a 2% y finalmente a 1,8%, la historia es una.

Si después de varios meses de desaceleración aparece un 2,9%, aunque sea parcialmente explicado por factores estacionales, la pregunta cambia.

¿Fue solamente un accidente?

¿O existen componentes de la economía que están impidiendo que la inflación siga descendiendo?

Porque para llegar a una inflación anual de 20%, 15% o menos no alcanza con tener algunos meses de 2%. Hace falta una sucesión prolongada de registros cada vez más bajos.

Y ahí aparece el principal riesgo.

Que el 2% se convierta en el nuevo 2,5%.

Servicios: la inflación que cuesta bajar

Hay otro dato que merece especial atención: los servicios aumentaron 3,8% en CABA.

Esto es relevante porque la inflación de bienes suele responder con mayor velocidad a la estabilización cambiaria y monetaria, mientras que los servicios tienen una dinámica diferente.

Alquileres, educación, salud, restaurantes, transporte y otros servicios pueden incorporar aumentos acumulativos que mantienen elevada la inflación incluso cuando el precio de los bienes comienza a estabilizarse.

El Gobierno puede controlar determinadas variables macroeconómicas, pero no puede conseguir una desinflación inmediata en todos los sectores de la economía.

Por eso la transición hacia una inflación realmente baja puede ser mucho más lenta de lo que sugieren algunos discursos oficiales.

El dólar vuelve a importar

Hay además una variable que nunca desaparece de la ecuación argentina: el tipo de cambio.

Si el peso comienza a depreciarse con mayor velocidad, aunque no exista una corrida cambiaria, parte de ese movimiento puede trasladarse gradualmente a los precios.

Y cuando la inflación mensual todavía está alrededor del 2%, un movimiento cambiario moderado puede hacer que desaparezca rápidamente el margen necesario para seguir bajando.

El desafío del Gobierno es entonces doble: evitar que el dólar vuelva a transformarse en un factor de aceleración y, al mismo tiempo, conseguir que los precios de los servicios y otros componentes más rígidos comiencen a converger hacia niveles compatibles con una inflación mucho menor.

La inflación no está derrotada

Este es probablemente el principal mensaje que deja el dato porteño.

La inflación argentina está muy lejos de los niveles explosivos del pasado reciente. Eso es indiscutible.

Pero que haya bajado muchísimo no significa que esté derrotada.

Una inflación interanual superior al 30% sigue siendo una inflación muy elevada para cualquier economía normalizada.

Y una inflación mensual cercana al 2% implica que los precios todavía aumentan a un ritmo que, anualizado, resulta muy significativo.

Por eso el Gobierno debería evitar dos errores.

El primero sería sobrerreaccionar frente al 2,9% porteño y presentar el dato como el comienzo de una nueva crisis inflacionaria.

El segundo, mucho más peligroso, sería ignorarlo.

Porque los procesos inflacionarios no suelen volver de un día para otro. Primero aparecen pequeñas señales. Después se modifica la expectativa. Luego los empresarios empiezan a remarcar preventivamente. Los trabajadores reclaman recomposiciones. Los contratos incorporan inflación pasada. Y finalmente el fenómeno vuelve a adquirir inercia.

El desafío consiste precisamente en evitar esa segunda etapa.

¿Qué inflación esperar?

Con los datos disponibles, no parece razonable esperar una vuelta inmediata a una inflación del 3% mensual a nivel nacional, pero tampoco parece prudente apostar a una rápida convergencia hacia el 1% mensual.

El escenario más probable es una inflación que continúe moviéndose durante los próximos meses en una zona de aproximadamente 1,8%-2,3% mensual, con meses puntuales superiores dependiendo de tarifas, estacionales, alimentos, servicios y evolución cambiaria.

Si esa dinámica se mantiene, la inflación anual seguirá descendiendo, pero a un ritmo mucho más lento.

Y ahí está la diferencia entre una economía que simplemente dejó atrás la crisis inflacionaria y otra que consiguió definitivamente estabilizar los precios.

El dato de CABA no demuestra que la desinflación haya terminado.

Pero demuestra algo que puede ser incluso más importante:

la desinflación ya no puede darse por garantizada.

Después de varios meses de buenas noticias, apareció una cifra que obliga a mirar nuevamente el tablero.

El 2,9% porteño puede terminar siendo apenas un bache provocado por las vacaciones de invierno.

O puede ser el primer aviso de que la economía encontró un nuevo piso inflacionario.

El dato del INDEC será el que permita saber cuál de las dos historias empieza a imponerse.

Pero una cosa ya está clara: la batalla contra la inflación todavía no está ganada.

Publicado el: 2026-08-07