Indio Solari, nace un nuevo santo del peronismo

Indio Solari, nace un nuevo santo del peronismo

Indio Solari, nace un nuevo santo del peronismo
Por: Pablo López


Quizás no su vida, quizás no su historia, pero podría ser su música, sus letras y el legado que le transmitió a varias generaciones de argentinos desde hace más de 40 años, el amor y la veneración por Carlos “Indio” Solari sea un cuento de hadas.

Hay una leyenda que el mismo confirmó, de bebé habría estado en brazos de la mismísima Eva Perón. Sin saberlo aquella “Hada buena de los niños”, lo habría bendecido para que en el futuro sea un referente de la cultura popular argentina y un fenómeno de masas.

Eva que falleció a los 33 años, un 26 de julio de 1952, fue la primera santa del peronismo, aquella a la se la veló durante 14 días y donde no puede calcularse si fueron 2 o 3 millones de personas las que la despidieron. Lo que es seguro, es que el 10% de los argentinos de ese entonces la fueron a despedir.
Su cadáver fue secuestrado la madrugada del 23 de noviembre de 1955 por un comando del Ejército bajo las órdenes de la dictadura autodenominada "Revolución Libertadora". El objetivo era evitar que el cuerpo embalsamado se convirtiera en un símbolo de resistencia peronista y borrar su figura. Lo que no sabían los militares, que a donde la escondiesen, siempre era encontrada y mágicamente su cajón siempre amanecía con una capilla ardiente de velas y la flor del no me olvides.

Carlos Solari durante casi toda su trayectoria, se manifestó muy poco políticamente y se cuidó de no bajar línea, incluso declaró en 1997 que él prefería escuchar a los chicos, que andar diciéndoles que hacer o que pensar. Siempre estuvo más ligado a la izquierda, un poco al anarquismo, pero sin exponerlo claramente. De hecho en 1987, durante el gobierno de Alfonsín, había presos ligados a las organizaciones armadas de los 70, que eran denominados como presos políticos y varios organismos de derechos humanos recolectaron firmas entre los artistas para sacar una solicitada pidiendo su libertad y los Redonditos no aceptaron. Pero no eran neutrales y redoblaron la apuesta, a finales de ese año grabaron el disco Un Baión para el ojo idiota, que vio la luz en 1988, una obra repleta de canciones que serían hits y una de ellas tenía un título contundente: “Todo preso es político”.

Ya en sus últimos años, donde ya había contado públicamente que cursaba la enfermedad de Parkinson, si empezó a manifestarse más explícitamente. "Soy un artista peronista, los artistas peronistas damos lo que tenemos para dar, ofrecemos la gloria que tenemos para ofrecer", afirmó en una entrevista, reafirmando su ideología. Sin embargo, siempre se definió como un peronista atípico: "Soy peronista, pero un peronista de la nueva izquierda, del 61, que era amor y paz, era un hippie. Eso es lo que soy, un hippie viejo que se la creyó y que sigue con eso", dijo reivindicando su identidad política aunque también su visión crítica frente a las fuerzas opuestas al justicialismo: "Del otro lado veo un peligro muy grande", confesó.

La figura de Eva Perón ocupó un lugar especial para Carlos. En su autobiografía Recuerdos que mienten un poco, escrita junto a Marcelo Figueras, Solari compartió la anécdota familiar que marcó su vida y que mencionamos que fue la magia del cuento de hadas que escribimos al principio de la nota: "Dicen que ahí me tuvo en brazos Evita, la hermosa muchacha de Los Toldos. Algún bien debe haberme transmitido".

"Evita siempre fue el Lado A para mí", escribió en el mismo libro, destacando la relevancia histórica y simbólica de la dirigente peronista. Incluso confesó que, de no haber utilizado una fotografía de sus padres para ilustrar la portada de El ruiseñor, el amor y la muerte, habría elegido una imagen de la mismísima Eva Perón.

El peronismo, hoy perdido en internas profundas, sin rumbo, sin una identidad clara ni definida, sin sujeto de representación palpable, con la partida de Solari, tenga una excusa para encontrar el horizonte y construir una alternativa real de poder y de gobierno que cambie la realidad penosa de la Argentina, del desastre al que el presidente Milei conduce a millones de personas.

Sobre este presente, la angustiosa realidad que viven los argentinos con este gobierno, Solari se expresó en una entrevista brindada a Pedro Rosemblat. “Yo veo que hay mucho chico industrial que no cree en eso. No es que todos fueron como ‘El Flautista de Hamelin’ y vamos a traer al enano de la motosierra”.

La expresión fue parte de una reflexión más amplia sobre el desencanto democrático y la falta de reacción colectiva ante decisiones que, según su mirada, perjudican a los sectores populares. “Yo creo que las fuerzas populares ya deberían estar en otra presencia, porque nos están cagando en la cara”, sostuvo.

Solari también cuestionó el margen real de la democracia en un país condicionado por organismos internacionales. “La democracia no sé si tenemos tantos años, porque si el que gobierna es el Fondo Monetario… Acordémonos que una de las condiciones básicas de un Estado es que pueda manejar su economía”, afirmó.

El millón de personas que lo fue a despedir, llegados de todas partes del país, pero mayoritariamente de todos los rincones del conurbano, seguramente marquen una nueva épica, un nuevo 17 de octubre de la esperanza.  El Indio Solari nunca fue un dirigente político ni un predicador religioso, pero logró algo que muy pocos argentinos consiguieron: construir una comunidad.

Durante décadas, miles de personas recorrieron el país para verlo, compartiendo códigos, canciones y una identidad colectiva que trascendió generaciones. Como ocurrió con algunos símbolos populares que el peronismo incorporó a su imaginario, el Indio representó para muchos la voz de los que estaban afuera, de los desencantados, de quienes buscaban refugio en una cultura propia frente a un mundo cada vez más individualista. Su figura, envuelta en misterio y alejada de los círculos del poder, terminó convirtiéndose en una referencia moral y emocional para millones.

En una Argentina golpeada por crisis recurrentes y por la pérdida de grandes relatos colectivos, el Indio puede transformarse en una especie santo del peronismo, no por una adhesión partidaria estricta, sino por encarnar valores que históricamente conectaron con la sensibilidad popular, como la solidaridad, la resistencia y la esperanza de que los de abajo puedan construir algo más grande que ellos mismos. Sus canciones, llenas de oscuridad pero también de redención, funcionaron para muchos como una forma de fe secular. Allí donde la política muchas veces fracasa en generar ilusiones, el mito del Indio sigue ofreciendo la posibilidad de creer que todavía existe una comunidad capaz de reunirse alrededor de un sueño compartido.

Publicado el: 2026-06-08