
Fernando Gabriel Cerimedo pasó de ser un consultor prácticamente desconocido para el gran público a convertirse en uno de los operadores digitales más influyentes de la nueva derecha latinoamericana. Su nombre volvió a quedar en el centro de la escena este martes, luego de que fuera detenido en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, en el marco de la investigación por el ataque a tiros contra Nadia Beller, una dirigente vinculada al gobierno de Rodrigo Paz.
Según informaron medios brasileños y bolivianos, Cerimedo fue detenido por la policía boliviana cuando se encontraba en el aeropuerto Viru Viru y se disponía a viajar hacia Buenos Aires. La investigación intenta determinar si tuvo alguna participación en el ataque contra Beller, quien recibió tres disparos y permanece internada. La detención no implica, por sí misma, culpabilidad: se trata de una investigación en curso y Cerimedo deberá responder ante las autoridades bolivianas.
Pero para entender por qué su detención tiene una dimensión política que excede el episodio policial hay que mirar hacia atrás. Porque Cerimedo no es simplemente un consultor de redes sociales. Durante los últimos años construyó una red de empresas, medios, operadores digitales y contactos políticos que lo convirtió en una pieza de la maquinaria comunicacional de la derecha más radical de América Latina.
Cerimedo nació en Mar del Plata y construyó su carrera alrededor del marketing, la publicidad y la comunicación política. Es fundador del Grupo Numen, una consultora dedicada a estrategia digital, y de Academia Numen, además de estar vinculado a La Derecha Diario, uno de los principales portales de comunicación de la derecha libertaria argentina.
Su biografía pública, sin embargo, está atravesada por relatos controvertidos sobre su formación y sus primeros pasos profesionales. Durante años contó que había llegado a Estados Unidos a través de una beca deportiva y que había tenido vínculos profesionales con el entorno de Barack Obama y la Casa Blanca. Esos antecedentes fueron cuestionados por distintas investigaciones periodísticas, que reconstruyeron una trayectoria bastante menos extraordinaria y mucho más ligada al mundo de la publicidad y el marketing.
El salto definitivo llegó con la política.
Cerimedo se vinculó con el entorno de Jair Bolsonaro y de su hijo Eduardo Bolsonaro. Su participación en la política brasileña lo convirtió en una figura conocida dentro de la nueva derecha continental. En 2022 tuvo un papel particularmente polémico cuando difundió contenidos que cuestionaban la confiabilidad de las urnas electrónicas brasileñas después de la victoria de Luiz Inácio Lula da Silva. La Policía Federal brasileña lo incluyó en una investigación relacionada con la difusión de desinformación y la trama vinculada al intento de desconocer el resultado electoral. Sin embargo, no fue incluido finalmente en la acusación presentada por la Fiscalía brasileña ante la Corte Suprema contra Bolsonaro y otros implicados.
Su desembarco fuerte en la política argentina se produjo alrededor de Javier Milei.
Cerimedo se convirtió en uno de los principales responsables de la estrategia digital que acompañó el crecimiento de La Libertad Avanza. El consultor llegó a admitir públicamente la utilización de redes automatizadas y trolls para intervenir en las conversaciones digitales y reconoció que disponía de una enorme cantidad de cuentas destinadas a instalar contenidos y tendencias.
En la campaña presidencial de 2023 su influencia excedió las redes. Fue señalado como uno de los hombres que ayudaron a construir la estrategia comunicacional de Milei y tuvo participación en la organización del esquema de fiscales y en la articulación con sectores internacionales de la derecha.
También tuvo un papel en la llegada de Milei al público estadounidense: fue uno de los intermediarios que facilitaron el contacto con el entorno de Tucker Carlson. La entrevista con el periodista norteamericano terminó siendo uno de los momentos de mayor exposición internacional del candidato libertario.
Cerimedo, además, realizó un aporte económico considerable a la campaña de La Libertad Avanza. Registros de aquella elección mostraron aportes por alrededor de 28 millones de pesos, aunque el propio consultor cuestionó algunas de las cifras publicadas.
Su relación con Milei llegó a tal punto que distintas investigaciones periodísticas lo ubicaron junto a Santiago Caputo dentro del núcleo de estrategas que ayudaron a diseñar la comunicación política del libertario.
La historia de Cerimedo no puede separarse de una transformación política más amplia.
Su modelo combina comunicación política, redes sociales, medios propios, segmentación de audiencias y construcción de comunidades digitales. La lógica es similar a la que utilizaron sectores vinculados a Donald Trump y Steve Bannon: convertir las redes en un campo de batalla permanente y transformar cada controversia en una oportunidad para instalar un relato.
Cerimedo trabajó para Bolsonaro, se vinculó con la política chilena y posteriormente se convirtió en una figura central de la campaña de Milei. Investigaciones periodísticas también documentaron sus vínculos con otros espacios de la derecha latinoamericana.
En ese recorrido aparece también una constante: la política deja de ser solamente territorio de partidos, dirigentes y estructuras tradicionales y pasa a ser una disputa por el control de las conversaciones digitales.
La biografía de Cerimedo incluye además un antecedente judicial en Argentina.
En 2016 fue condenado a dos años y seis meses de prisión en suspenso por una estafa vinculada con la venta de una misma propiedad a dos personas. El caso volvió a cobrar relevancia durante la campaña presidencial de 2023, cuando su influencia sobre Milei comenzó a ser mucho más visible.
El antecedente no implica que todas las controversias que rodearon su trayectoria tengan naturaleza penal, pero sí forma parte de una biografía que dista bastante de la imagen de simple especialista tecnológico que en ocasiones se intentó proyectar.
Después de la llegada de Milei al poder, Cerimedo amplió todavía más su radio de acción regional.
En Bolivia terminó acercándose al presidente Rodrigo Paz. Según investigaciones publicadas este año, comenzó trabajando alrededor de la campaña electoral y posteriormente pasó a ocupar un lugar de enorme influencia en el entorno presidencial, pese a no tener un cargo oficial.
El vicepresidente boliviano Edmand Lara llegó a definirlo como el “asesor personal” de Paz. Investigaciones de El País Bolivia señalaron que Cerimedo participaba de reuniones y decisiones estratégicas del gobierno sin contar con un nombramiento formal, un contrato público ni una responsabilidad institucional equivalente a la influencia que se le atribuía.
La situación resulta particularmente llamativa: un ciudadano argentino, sin cargo electivo y sin función pública formal, pasó a tener acceso a uno de los círculos de decisión del gobierno boliviano.
Ahora, el nombre de Cerimedo vuelve a aparecer por un motivo completamente diferente.
La investigación por el ataque contra Nadia Beller puso bajo la lupa sus relaciones personales y políticas en Bolivia. La policía lo detuvo mientras intentaba abandonar el país y busca establecer qué relación tuvo con el ataque.
Por ahora, cualquier afirmación sobre una responsabilidad criminal debe ser tomada como una hipótesis de investigación y no como un hecho probado. Pero la detención abre inevitablemente interrogantes sobre el recorrido de un hombre que durante años construyó poder desde un lugar difícil de encasillar: no fue dirigente electo, no ocupó formalmente los principales cargos que se le atribuyeron y, sin embargo, consiguió estar cerca de quienes tomaban las decisiones.
Cerimedo representa, en ese sentido, una nueva clase de operador político. El poder ya no necesariamente necesita un despacho oficial, una banca en el Congreso o una estructura partidaria. Puede construirse desde una computadora, una red de cuentas, un medio de comunicación, una consultora y una agenda de contactos internacionales.
Su trayectoria pasó por Bolsonaro, Milei y ahora Bolivia. En cada escala apareció la misma fórmula: comunicación digital, política de derecha, construcción de relatos y una enorme capacidad para moverse por fuera de las estructuras tradicionales.
Y quizás allí esté la verdadera dimensión de su historia.
Porque Fernando Cerimedo no llegó desde la política tradicional al poder.
Llegó desde las sombras de la política digital.