
La principal agrupación kirchnerista, La Cámpora, cada vez demuestra más su alejamiento de las ideas del peronismo y sus diatribas están más cercanas al izquierdismo de Miriam Bregman, que de Juan Domingo Perón o el propio Néstor Kirchner.
En su cuenta social de X, postearon: “LLEGÓ KRISTALINA GEORGIEVA A LA ARGENTINA. La verdadera jefa de Javier Milei. Fuera ingleses de Malvinas, fuera FMI de Argentina”.
Obviamente que acá no estamos hablando de nuestra soberanía sobre las islas, sino claramente de la consigna que parece un panfleto de agrupación universitaria izquierdista, como el pedido para que se vaya el FMI, al cual se le debe una suma monstruosa tomada durante el gobierno de Mauricio Macri, al que ellos dejaron ganar, porque no les gustaba Scioli, con su estrategia de volver en 2019 con Cristina.
Para ese año, esta visto que a ella no le daba para ir sola y tuvo que poner a Alberto Fernández de candidato. ¿ Cómo terminó la historia? Lamentablemente el final lo conocemos todos.
El planteo de "Fuera el FMI de la Argentina" puede resultar efectivo como consigna militante, pero está muy lejos de la tradición del peronismo clásico. Juan Domingo Perón jamás concibió la política exterior desde una lógica de aislamiento o de ruptura ideológica, sino desde la defensa del interés nacional. La llamada Tercera Posición consistía precisamente en mantener autonomía de decisión sin quedar subordinados ni a una potencia ni a otra. Eso implicaba negociar con todos los actores del sistema internacional cuando el interés argentino así lo exigiera, sin resignar soberanía pero tampoco cayendo en gestos testimoniales que terminaran perjudicando al país.
Tampoco parece una consigna que hubiera compartido Néstor Kirchner. Su gobierno tomó una decisión histórica al cancelar la deuda con el FMI en 2006 para recuperar márgenes de autonomía, pero nunca propuso expulsar al organismo ni romper relaciones. Comprendía que Argentina forma parte de un sistema financiero internacional y que, aun con diferencias profundas, los vínculos institucionales debían administrarse con inteligencia política. Una cosa era discutir de igual a igual y evitar las recetas de ajuste; otra muy distinta era transformar la política exterior en una sucesión de consignas sin viabilidad.
Desde una mirada nacional, el verdadero debate no debería ser si el FMI debe estar o no en la Argentina, sino bajo qué condiciones se negocia con él. La soberanía no consiste en negarse a dialogar, sino en tener la fortaleza política, económica e institucional para defender los intereses nacionales en cada negociación. Los países que logran desarrollarse no rompen relaciones con el mundo: fortalecen su posición para negociar mejor. Confundir firmeza con aislamiento es un error que la historia argentina ya ha demostrado costoso.
El peronismo histórico siempre distinguió entre independencia y autarquía. En un mundo capitalista e interdependiente, Argentina necesita comerciar, atraer inversiones, acceder a financiamiento cuando sea conveniente y sostener relaciones diplomáticas con todos los actores relevantes. Eso exige pragmatismo y madurez de estadista, no consignas que pueden satisfacer a un sector de la militancia pero que no ofrecen respuestas concretas a los problemas estructurales del país.
Por eso, el mensaje de La Cámpora refleja más una visión de izquierda ideológica que la doctrina nacional del peronismo. El desafío no es "echar" al FMI, sino construir un país suficientemente fuerte para que ningún organismo internacional pueda imponerle condiciones contrarias al interés nacional. La verdadera soberanía no se declama en una red social: se conquista con crecimiento, producción, equilibrio macroeconómico y una conducción política capaz de negociar con todos sin arrodillarse ante nadie.