El internismo político que vive en Narnia

El internismo político que vive en Narnia

El internismo político que vive en Narnia
Por: Pablo López


Mientras la inflación sigue golpeando, los salarios pierden poder adquisitivo, los comercios venden menos y cada vez más argentinos sienten que viven al día, gran parte de la dirigencia política parece atrapada en una dimensión paralela. Una especie de Narnia política donde lo urgente no es el deterioro social, sino las internas de poder, el armado de listas, las cajas y el control de espacios.

El fenómeno atraviesa tanto al oficialismo libertario como a la oposición peronista.

Por un lado, el universo de Javier Milei muestra una disputa cada vez menos disimulada entre el sector que responde a Martín Menem y el núcleo de Santiago Caputo junto a “Las Fuerzas del Cielo”. La pelea no es ideológica: ambos expresan el mismo modelo político y económico. La discusión pasa por el control de la lapicera, los lugares de poder, la estrategia electoral y la influencia sobre el Presidente.

En el fondo, se trata de quién administra el poder libertario y quién hereda el futuro del espacio. Menem intenta consolidar estructura territorial y volumen político propio, mientras el entorno de Caputo se mueve como un dispositivo de control comunicacional y estratégico que busca disciplinar a todos los sectores internos.

La tensión ya dejó de ser un rumor de pasillo. Santiago Caputo deschavó el sábado pasado que Martín Menem impulsó personalmente un usuario digital anónimo que lo criticaba en X.

Todo comenzó con un posteo de la cuenta @PeriodistaRufus, una cuenta libertaria muy activa en redes, que publicó un video contra Santiago Caputo y Manuel Vidal. El problema apareció en el link de Instagram que acompañaba el contenido.

Al abrir el enlace para acceder a la previsualización del post, la cuenta asociada que figuraba era la de Martín Menem. El líder de las Fueras del Cielo no dejó pasar la oportunidad de atacar al presidente de la Cámara de Diputados, al que no dudó en exponer directamente.

Para colmo, luego de ser descubierto, el tuit fue borrado en una admisión de culpabilidad notable. Pero para entonces, Caputo ya había activado sus propios trolls que se encargaron de atormentar al riojano hasta hoy.

Del otro lado, el peronismo tampoco logra escapar del laberinto interno. La disputa entre el sector de Axel Kicillof y el cristinismo duro ligado a Cristina Fernández de Kirchner empieza a tomar temperatura propia. El episodio de la bandera y los gritos de “Cristina libre” en un acto del gobernador, fue leído por muchos como otra señal de fragmentación dentro de un espacio que todavía no termina de definir liderazgo, conducción ni estrategia.

El problema es que buena parte de la sociedad ya mira estas discusiones con distancia, hastío o directamente indiferencia.

Si uno recorre la calle y le pregunta a un trabajador, un comerciante o un jubilado sobre la interna entre Menem y Caputo, probablemente muchos ni sepan de qué se trata. Lo mismo ocurre con la pelea entre kicillofistas y cristinistas. La preocupación cotidiana pasa por otro lado: llegar a fin de mes, pagar el alquiler, sostener el trabajo o evitar caer en la pobreza.

Ahí aparece el divorcio entre la política y la realidad.

Mientras crecen las personas en situación de calle, mientras los salarios se pulverizan y mientras amplios sectores sienten que el país perdió rumbo, oficialismo y oposición parecen enfrascados en guerras de aparato. Un internismo permanente donde la prioridad no parece ser cómo reconstruir la Argentina, sino quién controla el sello partidario, quién maneja recursos y quién encabeza las listas del próximo turno electoral.

La sensación social empieza a ser peligrosa para todo el sistema político: una dirigencia que discute entre sí mientras el país se deteriora.

Porque incluso quienes apoyan al Gobierno empiezan a mostrar agotamiento frente a las peleas internas libertarias. Y dentro del peronismo, muchos votantes observan con frustración que la discusión sigue girando alrededor de liderazgos personales y disputas de tribu, en lugar de construir una propuesta clara frente a la crisis.

La política argentina parece vivir en una burbuja autorreferencial. Un ecosistema donde Twitter, las operaciones y las internas ocupan más espacio que la vida real. Al vecino que votó y tiene esperanza en Milei le importa tres pitos, si Caputo y Menem pelean por cajas, anhela un futuro mejor, lo mismo para el peronista que está harto de este gobierno, no está pensando en porque Axel no pide la libertad de Cristina. Hay una Narnia dirigencial desconectada de la angustia cotidiana de millones de personas.

La crisis de representación es total y si no se dan cuenta, la implosión del sistema puede ser enorme.

Publicado el: 2026-05-19