El crochet bonaerense

El crochet bonaerense

El crochet bonaerense
Por: José María Fernández


Todo lo que están tejiendo en la PBA los libertarios y peronistas

En la política bonaerense nadie teje a las apuradas. Los acuerdos importantes se hacen como un crochet: puntada a puntada, con paciencia y en silencio. Y eso es exactamente lo que está pasando en la provincia de Buenos Aires, donde oficialismo y oposición empiezan a bordar un pacto político que podría redefinir el mapa electoral de los próximos años.

El primer hilo de ese tejido es el cambio del sistema electoral. En la Legislatura bonaerense comenzó a tomar fuerza la posibilidad de reemplazar la histórica lista sábana por la Boleta Única de Papel (BUP). En teoría se trata de una reforma institucional que busca mayor transparencia y simplificación para el votante. Pero como suele ocurrir en la política argentina, detrás de la discusión técnica aparece el verdadero motivo del acuerdo.

El precio del cambio sería otro: habilitar la reelección indefinida de los intendentes.

Para muchos jefes comunales del conurbano —los viejos barones territoriales del peronismo— esa modificación es mucho más importante que cualquier reforma electoral. La limitación de mandatos que rige actualmente amenaza con terminar con carreras políticas de décadas y, sobre todo, con estructuras de poder local que se construyeron durante años.

La preocupación de esos intendentes no es solo institucional. También es política. Muchos temen que, si pierden la posibilidad de reelegir, sus distritos queden atrapados en disputas internas con La Cámpora, o peor aún, que el avance de La Libertad Avanza termine arrebatándoles municipios que históricamente estuvieron bajo control peronista.

Por eso la ecuación empieza a cerrar: la oposición impulsa la Boleta Única de Papel, el peronismo territorial obtiene la posibilidad de perpetuar sus liderazgos locales. Un intercambio clásico de la política bonaerense.

Pero el crochet no termina ahí.

En paralelo, dentro del peronismo crece otra idea que podría alterar el calendario electoral: desdoblar las elecciones provinciales de las nacionales. Cada vez más intendentes analizan la conveniencia de despegarse de la suerte del gobernador Axel Kicillof, cuya gestión atraviesa un escenario económico y político complejo.

El razonamiento es simple: si el clima nacional se vuelve adverso para el peronismo, muchos intendentes preferirían discutir sus distritos en una elección separada, donde el peso del voto local sea mayor que la discusión nacional.

Por eso algunos ya imaginan un calendario distinto: elecciones provinciales en marzo o abril de 2027, siempre y cuando las PASO se suspendan o directamente se eliminen. Ese movimiento permitiría que los intendentes jueguen su propia partida antes de que se ordene la disputa presidencial.

Del otro lado del tablero también se teje.

En La Libertad Avanza, la conducción política de la provincia sigue siendo motivo de discusión interna. Karina Milei apuesta fuerte por Sebastián Pareja, el dirigente que organizó el armado territorial libertario en Buenos Aires y que responde directamente al círculo más cercano del presidente Javier Milei.

Sin embargo, dentro del espacio libertario también miran con atención a un posible jugador externo: Diego Santilli, el “Colo”. Si la economía no sufre un derrumbe abrupto y el gobierno nacional mantiene niveles aceptables de apoyo, no pocos dirigentes imaginan que Santilli podría dar el salto y convertirse en una figura competitiva para la provincia.

Ese escenario, sin embargo, abre otra tensión.

En La Libertad Avanza observan con creciente recelo a los candidatos del PRO en distritos gobernados por el peronismo. La desconfianza es clara: muchos dirigentes del PRO preferirían que los municipios sigan en manos del PJ antes que ver consolidarse un triunfo libertario.

El motivo es brutalmente pragmático. Si La Libertad Avanza logra ganar intendencias clave del conurbano, el PRO corre el riesgo de convertirse en un partido prescindible dentro del nuevo mapa político de la derecha argentina.

Y para muchos dirigentes amarillos, ese escenario sería directamente el final de su carrera política.

Así, mientras la discusión pública gira en torno a la economía, la seguridad o la inflación, en los despachos de la Legislatura bonaerense, en las intendencias del conurbano y en las mesas de estrategia libertarias se sigue tejiendo ese crochet político que definirá el poder en la provincia más grande del país.

Un tejido silencioso, lleno de nudos y puntadas cruzadas, donde cada movimiento se paga con otro.

Porque en la provincia de Buenos Aires nadie regala nada.

Todo se negocia.

Y todo se teje.

Publicado el: 2026-03-12