Del récord al desborde: hambre, ansiedad social y crisis de convivencia en Avellaneda

Del récord al desborde: hambre, ansiedad social y crisis de convivencia en Avellaneda

Del récord al desborde: hambre, ansiedad social y crisis de convivencia en Avellaneda
Por: Hugo Goldstein


Lo ocurrido en Wilde, partido de Avellaneda, durante el intento de realizar el sándwich de matambre a la pizza más largo del mundo, dejó una escena que rápidamente se volvió viral: personas saltando vallas, empujones y decenas de asistentes llevándose porciones antes de que terminara oficialmente el evento.

La pregunta inevitable es qué explica una situación así. ¿Fue hambre? ¿Fueron las largas horas de espera? ¿O hay también un deterioro cultural y social más profundo?

La respuesta probablemente no sea una sola, sino la combinación de varios factores que hoy atraviesan a la Argentina.

El evento organizado por la parrilla El Tano había generado enorme expectativa en redes sociales y convocó a miles de personas. Según relató Infobae, las demoras fueron importantes: el armado comenzó cerca de las 11 de la mañana y cerca de las 16 todavía seguían preparando el sándwich. La propia nota señala que muchos asistentes “se cansaron de esperar” y avanzaron sobre el área delimitada.

Reducir todo a una supuesta “falta de cultura” sería cómodo, pero simplista. La Argentina atraviesa una crisis económica que degradó hábitos sociales básicos. Cuando una comida gratuita convoca multitudes y genera desesperación, el contexto económico no puede ignorarse. El deterioro del poder adquisitivo, el aumento de la pobreza y la sensación de incertidumbre permanente generan conductas más impulsivas y menos racionales. No se trata solamente de hambre física; también existe una sensación colectiva de escasez y ansiedad.

Sin embargo, tampoco alcanza con explicar todo únicamente desde la necesidad material. Hubo, claramente, un fenómeno de comportamiento de masas. Cuando una multitud percibe que el orden se rompe, aparece el “sálvese quien pueda”. El individuo deja de actuar como individuo y pasa a reaccionar como parte de un grupo desbordado. En esos escenarios, una persona que quizás jamás robaría o empujaría en otro contexto termina haciéndolo porque siente que, si no actúa rápido, se queda afuera.

También hay un deterioro visible de ciertas normas de convivencia. La cultura del respeto por el otro, de esperar turnos o aceptar límites, viene siendo erosionada hace años por una sociedad cada vez más agresiva, más frustrada y más descreída de cualquier autoridad. En Argentina ya no solo se discute la economía: también se percibe un agotamiento emocional colectivo.

Y ahí aparece otro punto importante: el rol del espectáculo y las redes sociales. Muchas veces estos eventos masivos son presentados casi como shows virales, pensados para generar impacto visual más que para organizar verdaderamente una experiencia segura. La lógica del récord, del video espectacular y de la viralización termina convocando una cantidad de gente difícil de contener si la logística falla aunque sea un poco.

Lo de Wilde no fue un saqueo organizado ni tampoco simplemente “gente sin educación”. Fue una escena donde se mezclaron necesidad, frustración, ansiedad social, efecto multitud y pérdida de normas básicas de convivencia. Negar cualquiera de esas dimensiones lleva a análisis incompletos.

Quizás la imagen más preocupante no sea la gente llevándose un pedazo de sándwich, sino una sociedad donde un evento gastronómico gratuito puede transformarse, en cuestión de minutos, en una postal del desborde social argentino.

 

Publicado el: 2026-05-26