En política, las casualidades no existen. Y cuando se trata de Cristina Fernández de Kirchner, mucho menos. En las últimas semanas, sus movimientos volvieron a encender todas las alarmas dentro del peronismo: reunión con Miguel Ángel Pichetto, señales de reordenamiento interno y una jugada quirúrgica en el Senado bonaerense que dejó expuesto a Axel Kicillof.
La pregunta empieza a sobrevolar en voz baja: ¿está preparando su “last dance”?
El gesto con Pichetto: ¿puente o misil?
El dato político más llamativo fue el diálogo con Pichetto. Un dirigente que supo ser jefe del bloque peronista en el Senado durante años, luego compañero de fórmula de Mauricio Macri y hoy con vínculos aceitados con el peronismo del interior.
¿Es Pichetto el nuevo embajador de Cristina ante los gobernadores? ¿Puede convertirse en el operador que le permita reconstruir puentes con ese peronismo federal que desconfía de La Cámpora y, sobre todo, de Kicillof?
Si el kirchnerismo duro es identidad, el peronismo del interior es territorio. Y Cristina sabe que sin territorio no hay proyecto nacional viable. En ese esquema, Pichetto podría cumplir un rol clave: limar la construcción de Axel por fuera del Instituto Patria y evitar que el gobernador consolide una liga propia con mandatarios provinciales.
La jugada Ishi y el mensaje al gobernador
En paralelo, la movida para imponer a Ishii en el esquema legislativo bonaerense fue leída como una demostración de fuerza interna. Más que una discusión de nombres, fue una señal política: el Senado provincial no es propiedad exclusiva del gobernador.
El mensaje hacia Kicillof fue claro: la lapicera todavía está en manos de Cristina. Y si Axel soñaba con una autonomía creciente, la ex presidenta acaba de recordarle los límites del poder delegado.
¿Un nuevo “Alberto 2019”?
Otra hipótesis que circula es todavía más audaz. ¿Puede Cristina estar pensando en repetir la jugada de 2019? Cuando nadie lo esperaba, ungió a un candidato moderado —Alberto Fernández— para ampliar la base electoral y neutralizar resistencias internas.
Hoy, con la imagen del kirchnerismo desgastada en amplios sectores de la sociedad y con un peronismo fragmentado, ¿buscará un candidato “tapado”, dialoguista, menos confrontativo, que obture la candidatura natural de Kicillof?
Un perfil que le garantice centralidad estratégica sin ceder el control político. Un delegado, no un heredero.
El factor tiempo: ¿última batalla?
Cristina conoce como pocos la lógica del poder. Sabe que los liderazgos no se heredan, se disputan. Y también sabe que su figura divide aguas dentro y fuera del peronismo.
Si este fuera su último gran movimiento táctico, no sería para acompañar pasivamente la transición, sino para condicionarla. Para ordenar la sucesión bajo sus términos.
¿Está preparando su “last dance”?
¿Está diseñando una interna silenciosa para disciplinar a Axel?
¿Está construyendo un puente con el peronismo del interior para aislarlo?
La ex presidenta no da puntada sin hilo. Cada reunión, cada gesto, cada silencio tiene un destinatario.
En un peronismo sin conducción clara y con liderazgos en disputa, la gran incógnita no es sólo quién será el candidato. La incógnita es qué trae entre manos Cristina.