Cristina candidata

Cristina candidata

Cristina candidata
Por: Pablo López


Los comensales estaban degustando un asado en un quincho de la zona norte del conurbano bonaerense, charlaban vaguedades, hasta que un importante empresario ligado al massismo soltó: “La Cámpora no quiere por nada del mundo a Kicillof, la estrategia va a ser Cristina candidata y un vice que pueda asumir en caso de ganar”.

La estrategia explica el operativo clamor que los camporistas sus satélites hacen a diario por la libertad de Cristina, saben que bajo estas circunstancias no se puede hacer nada, pero instalan la idea. Ellos creen que con la ex presidenta en la cancha, el gobernador bonaerense no se va a animar a enfrentarla. Ni en unas PASO, que pueden llegar a eliminarse, el gobierno cada vez está mas cerca de hacerlo, ni yendo por afuera garantizando un casi seguro triunfo de Milei.

La discusión, en realidad, excede el nombre de Cristina Kirchner. Lo que está en juego es quién conducirá el peronismo en la etapa que viene. La ex presidenta entiende que su liderazgo sigue siendo el único capaz de ordenar a un espacio fragmentado. Pero alrededor suyo también hay dirigentes que saben que, sin ella en la boleta o al frente del movimiento, su poder de negociación se reduce drásticamente.

Para La Cámpora, el crecimiento de Axel Kicillof representa un problema mucho mayor que Javier Milei. Con el Presidente la confrontación es ideológica y electoral; con el gobernador bonaerense la disputa es por la conducción del mismo espacio político. Si Kicillof lograra consolidarse como el nuevo referente del peronismo, muchos dirigentes que hoy responden a Cristina comenzarían a migrar hacia ese nuevo centro de poder. En política, la lealtad suele durar hasta que aparece un liderazgo con posibilidades reales de futuro.

Por eso el operativo "Cristina candidata" cumple varias funciones al mismo tiempo. Moviliza a la militancia, mantiene vivo el liderazgo simbólico de la ex mandataria y, sobre todo, congela las aspiraciones de quienes imaginan un recambio. Mientras la posibilidad de una candidatura siga sobre la mesa, nadie se anima a dar el paso definitivo para construir una alternativa dentro del kirchnerismo.

Incluso quienes saben que las posibilidades judiciales y políticas de una candidatura son extremadamente complejas encuentran utilidad en sostener esa expectativa. La incertidumbre también es una herramienta de poder. Mantener abierta la incógnita obliga a todos los sectores del peronismo a esperar, a negociar y a evitar definiciones prematuras.

Kicillof quedó atrapado en esa lógica. Necesita construir autonomía para proyectarse nacionalmente, pero tampoco puede romper con quien todavía conserva el mayor caudal electoral dentro del universo kirchnerista. Esa tensión explica muchas de sus decisiones y también varios de sus silencios. Cada gesto de independencia puede ser interpretado como una declaración de guerra; cada gesto de subordinación, como una renuncia anticipada a disputar el liderazgo.

La paradoja es evidente. Mientras el peronismo dice prepararse para enfrentar a Milei, buena parte de su energía está concentrada en resolver una interna que definirá mucho más que una candidatura. Se está discutiendo quién administrará el capital político que deje Cristina Kirchner cuando, por decisión propia o por las circunstancias, ya no pueda ocupar el centro de la escena. Hasta entonces, cada movimiento, cada declaración y cada operativo clamor parecen responder menos a una estrategia electoral que a una feroz disputa por el poder dentro del propio peronismo.

Mientras tanto gran parte de la población sea peronista, kirchnerista o no, está podrida de Milei, este cronista está harto del desastre económico y social del gobierno libertario, pero las circunstancias son estas, no hay un proyecto de poder, los camporistas solo quieren recuperar la provincia de las garras de Kicillof, sacarlo de escena y construir una alternativa a 2031, con los libertarios en declive, el pueblo puede seguir esperando.

Publicado el: 2026-06-30