
El clima político dentro del peronismo bonaerense atraviesa semanas de fuerte debate interno, con crecientes cuestionamientos a la conducción de Máximo Kirchner por parte de dirigentes del propio espacio. Las críticas apuntan, principalmente, a la falta de autocrítica tras la derrota electoral, al estilo cerrado de conducción y a la pérdida de contacto con las bases tradicionales del movimiento.
Diversos referentes del justicialismo, tanto a nivel nacional como en la provincia de Buenos Aires, coincidieron en que el espacio que lidera Kirchner a través de La Cámpora “se volvió autorreferencial” y “alejado de la realidad territorial”. El exministro de Seguridad Aníbal Fernández fue uno de los más duros al señalar que “el kirchnerismo está agotado” y que “ha hecho daño al peronismo con su falta de apertura y su visión sectaria”.
En la misma línea, el exintendente de Hurlingham, Juan Zabaleta, planteó que “el peronismo perdió contacto con los trabajadores, los comerciantes y las pymes”, y reclamó una renovación que permita reconstruir los vínculos con sectores medios y productivos que históricamente formaron parte del movimiento.
A estos planteos se suma la incomodidad que generaron dentro del propio peronismo las declaraciones del diputado nacional, quien días atrás sostuvo que “en el peronismo hay muchos dirigentes con miedo”. Sus palabras fueron interpretadas como una crítica directa a compañeros de su mismo espacio y reavivaron las tensiones sobre el estilo de liderazgo que ejerce dentro del Partido Justicialista bonaerense.
Además, algunos intendentes y dirigentes del interior bonaerense cuestionaron el rol político de La Cámpora durante los últimos procesos electorales, señalando que las decisiones estratégicas “se tomaron de manera centralizada” y que “faltó diálogo con los territorios”. En ese sentido, varios sectores promueven la idea de que el PJ bonaerense debe abrir una nueva etapa de conducción, con un perfil más federal, plural y enfocado en la gestión.
El propio Máximo Kirchner reconoció recientemente que “el peronismo nunca estuvo tan mal”, al referirse a la pérdida de representación territorial que sufre el movimiento, con pocas gobernaciones, intendencias y una menor presencia legislativa.
Las discusiones internas se dan en un momento clave, cuando distintos sectores comienzan a pensar en la reorganización del peronismo de cara a los próximos años. Mientras algunos dirigentes impulsan una renovación profunda, otros sostienen que es necesario preservar la identidad del movimiento sin caer en divisiones.
En el fondo, el debate refleja una tensión que atraviesa a todo el peronismo: cómo reconstruir un proyecto político que vuelva a conectar con los votantes, en un contexto social y económico muy distinto al de las últimas décadas.