¿Caputo dejó la comunicación o empezó otra guerra?

¿Caputo dejó la comunicación o empezó otra guerra?

¿Caputo dejó la comunicación o empezó otra guerra?
Por: José María Fernández


Hay una pregunta que circula en estas horas dentro y fuera de la Casa Rosada: ¿Santiago Caputo dejó efectivamente la comunicación del Gobierno o simplemente cambió de trinchera?

La respuesta, probablemente, sea bastante menos lineal que el relato oficial. Porque una cosa es perder el control cotidiano de la comunicación y otra, muy diferente, es perder poder.

Por decisión de Karina Milei, Santiago Oría pasó a ocupar el centro de la estrategia digital y comunicacional del Gobierno. El propio vocero Adrián Ravier terminó reconociendo que Caputo fue desplazado de la comunicación digital y que Oría quedó en ese lugar.

Pero el llamado “Mago del Kremlin” no parece dispuesto a abandonar la partida.

Y acá aparece la verdadera dimensión de la interna: Caputo puede haber perdido una oficina, una atribución o el control directo sobre determinadas cuentas, pero conserva vínculos, cuadros, funcionarios y estructuras que construyó durante años dentro del Estado. Distintas versiones periodísticas señalan que mantiene influencia sobre áreas estratégicas y continúa asesorando directamente a Javier Milei.

Por eso sería ingenuo interpretar el desplazamiento como una simple salida.

 

La victimización como primera respuesta

 

Hay otro dato que no debería pasar inadvertido.

Después del desplazamiento, comenzaron a aparecer voces cercanas al universo de Caputo presentando la situación como una suerte de persecución, purga o desplazamiento injusto. Es una reacción bastante lógica dentro de una disputa de poder: cuando no se puede conservar el territorio, se intenta conservar el relato.

El propio Caputo, el hombre que durante mucho tiempo construyó buena parte de la comunicación política de Milei, conoce mejor que nadie el valor de instalar una interpretación antes de que los hechos terminen de consolidarse.

Y si algo aprendió el mileísmo de su propio maestro es que la política también se pelea desde las redes.

Por eso no parece casual que periodistas, comunicadores e influencers vinculados al universo caputista hayan comenzado a instalar una narrativa de victimización. La idea es sencilla: Caputo no fue desplazado porque su estrategia hubiera fracasado, sino porque Karina decidió quedarse con el control.

La diferencia no es semántica. Es política.

Porque si se instala que Caputo fue víctima de una maniobra del karinismo, el conflicto deja de ser administrativo y se convierte en una batalla por la conducción del proyecto libertario.

 

La huelga de Las Fuerzas del Cielo

 

Y entonces aparece otro síntoma revelador: Las Fuerzas del Cielo.

La organización digital que durante mucho tiempo funcionó como una de las principales tropas de choque del universo caputista viene atravesando un repliegue que ya fue definido como un “retiro táctico” o directamente como una suerte de huelga tuitera. La caída de actividad de esa tropa coincide con el desplazamiento de Caputo y con el intento del karinismo de construir su propio dispositivo digital.

No es un detalle menor.

El Gobierno llegó al poder, en buena medida, entendiendo que Twitter —hoy X— no era solamente una red social: era un territorio político.

Allí se construyeron enemigos, se viralizaron consignas, se instalaron candidatos, se atacó a periodistas y se defendió a Milei. Allí también nació buena parte del poder de los influencers libertarios.

Por eso, cuando esa maquinaria deja de funcionar con la misma intensidad, el problema no es solamente comunicacional: es una disputa por quién tiene el botón de encendido.

Y la llamada huelga de los tuiteros puede leerse justamente en esos términos.

Si los soldados dejan de tuitear, la pregunta inevitable es quién les dio la orden de bajar el volumen.

 

Cerimedo y el viejo dispositivo

 

En esta historia tampoco puede ignorarse el factor Fernando Cerimedo.

El consultor y fundador de La Derecha Diario fue una figura importante del ecosistema comunicacional libertario y estuvo vinculado al entorno de Milei desde los primeros tiempos. Su detención en Bolivia y las acusaciones que enfrenta agregaron otro problema a un espacio que ya venía atravesando tensiones internas.

La cuestión Cerimedo es particularmente incómoda porque vuelve a poner bajo la lupa a un entramado comunicacional que durante mucho tiempo fue presentado como una fortaleza del mileísmo.

Ahora, con Caputo desplazado del comando cotidiano y Oría intentando ocupar ese lugar, el viejo dispositivo empieza a fragmentarse.

Y cuando un dispositivo de poder se fragmenta, sus integrantes empiezan a buscar culpables, explicaciones y nuevos jefes.

 

Karina ganó una batalla, pero no necesariamente la guerra

 

Karina Milei consiguió algo que durante mucho tiempo parecía difícil: correr a Caputo de uno de los territorios donde había construido mayor poder.

Pero eso no significa que haya conseguido neutralizarlo.

Porque el problema para Karina es que Caputo no es solamente un community manager con despacho en la Casa Rosada. Es un dirigente que construyó relaciones, equipos y redes de poder dentro del Gobierno.

La comunicación era una parte de ese poder.

No necesariamente todo el poder.

Y ahí está el punto central de esta interna.

Karina puede manejar ahora la comunicación. Oría puede manejar las redes. Pero Caputo conserva instrumentos suficientes como para seguir jugando.

Por eso la salida de Caputo de la comunicación no debería leerse como el final del “Mago”. Más bien parece el comienzo de una nueva etapa de la pelea.

Una pelea menos visible, quizás.

Más subterránea.

Y probablemente más peligrosa para el Gobierno.

Porque mientras Milei intenta convencer a la sociedad de que todo marcha según lo previsto, dentro de su propia estructura se libra una batalla por controlar algo mucho más importante que una cuenta de X: quién define el relato, quién administra los recursos y, sobre todo, quién tiene acceso al Presidente.

Caputo perdió la comunicación.

Pero todavía no perdió la guerra.

Y si las Fuerzas del Cielo realmente están en huelga, si sus periodistas amigos comenzaron a victimizarlo y si sus estructuras continúan activas dentro del Estado, tal vez la pregunta correcta no sea si Caputo se fue.

La pregunta es otra:

¿desde dónde piensa volver?

 

Publicado el: 2026-08-25