Avellaneda: ¿puede el matrimonio Ferraresi perder el poder después de 18 años?

Avellaneda: ¿puede el matrimonio Ferraresi perder el poder después de 18 años?

Avellaneda: ¿puede el matrimonio Ferraresi perder el poder después de 18 años?
Por: José María Fernández


Avellaneda tiene una particularidad política que pocos distritos del conurbano pueden exhibir: sus gobiernos locales suelen construirse alrededor de liderazgos capaces de trascender elecciones y generaciones.

Durante buena parte de la primera mitad del siglo XX, ese nombre fue Alberto Barceló. El dirigente conservador dominó la política avellanedense durante décadas: fue intendente entre 1909 y 1917 y volvió a ocupar el cargo en distintos períodos entre 1924 y 1940. Pero su influencia excedió largamente los años en los que estuvo formalmente sentado en el Palacio Municipal. Investigaciones académicas señalan que, salvo algunos intervalos, quienes ocuparon la intendencia lo hicieron con su aprobación o bajo su gravitación.

El apellido Barceló quedó así asociado a una forma de construcción del poder local que convirtió a Avellaneda en uno de los territorios más emblemáticos del conservadurismo bonaerense. Aquel ciclo se extendió, directa o indirectamente, durante buena parte de los primeros cuarenta años del siglo pasado.

Casi medio siglo después, la historia volvería a repetirse, aunque bajo otro signo político.

 

De Barceló al peronismo

 

Desde 1991, con la llegada de Baldomero “Cacho” Álvarez de Olivera, el peronismo recuperó el control del distrito y construyó una continuidad que, con el intervalo de Oscar Laborde entre 1999 y 2003, se prolongó hasta la actualidad. Álvarez fue intendente en varios períodos y dejó una estructura política de la que Jorge Ferraresi formó parte como secretario de Obras y Servicios Públicos.

Ferraresi no llegó desde afuera del sistema. Fue parte de aquella estructura durante años, hasta que en agosto de 2009 reemplazó a Álvarez cuando éste dejó la intendencia para asumir como ministro de Desarrollo Social bonaerense.

Desde entonces, Ferraresi construyó su propio ciclo.

Fue elegido intendente en 2011, reelecto en 2015, nuevamente en 2019 y otra vez en 2023. La propia biografía oficial de Ferraresi destaca que nunca perdió una elección desde que llegó a la intendencia y que en 2023 fue reelegido con el 58% de los votos.

Son, por lo tanto, casi dos décadas de control político ininterrumpido.

Pero hay una diferencia importante respecto de los años anteriores: en julio de 2026 Ferraresi dejó formalmente la intendencia para avanzar con su proyecto político provincial y Magdalena Sierra asumió como intendenta hasta el final del mandato.

La pregunta que empieza a recorrer la política local es, entonces, bastante más profunda que la candidatura de una persona.

¿Puede el esquema político construido por Ferraresi sobrevivir a Ferraresi?

 

El desafío de la sucesión

 

Sierra no es una figura ajena al poder municipal. Fue jefa de Gabinete, dirigente política, legisladora y esposa del exintendente. Su llegada al Ejecutivo supone, por lo tanto, una continuidad explícita: ella misma definió su gestión como la continuación del camino iniciado por Ferraresi.

Pero una sucesión política no siempre funciona como una sucesión familiar.

Y allí aparece uno de los principales interrogantes para 2027.

En el peronismo local conviven hoy distintas identidades y sectores. A las tensiones que se atribuyen al vínculo entre el ferraresismo y La Cámpora se suma una disputa por la conducción del peronismo municipal que tiene en Emmanuel González Santalla uno de sus nombres centrales.

Santalla no es un recién llegado ni un dirigente sin antecedentes.

Oriundo de Wilde e hijo del dirigente peronista Manuel González Santalla, militó en La Cámpora, fue concejal, integró ACUMAR y entre 2017 y 2019 fue secretario de Gestión Ciudadana durante la propia administración de Ferraresi. En 2019 llegó al Senado bonaerense y en 2023 fue reelegido por la Tercera Sección. Actualmente preside la Comisión de Asuntos Constitucionales y Acuerdos del Senado provincial.

Es decir: Santalla conoce el Estado municipal, conoce el territorio y conoce desde adentro la estructura que pretende disputar.

Su principal fortaleza política, además, no necesariamente pasa por tener hoy el mismo despliegue territorial que el oficialismo municipal. Su carta más importante es otra: el respaldo de La Cámpora y la cercanía política con Cristina Fernández de Kirchner, un activo que en una interna peronista de Avellaneda no resulta menor.

La disputa, entonces, no es simplemente Sierra contra Santalla. Es también la discusión sobre qué peronismo conducirá Avellaneda después de Ferraresi.

 

La otra tensión: el vínculo con los municipales

 

A ese problema político se agrega otro de naturaleza diferente: la relación entre el Ejecutivo y el personal municipal.

En cualquier municipio, los trabajadores del Estado local constituyen una estructura con enorme conocimiento territorial y capacidad de funcionamiento cotidiano. En un distrito donde el oficialismo lleva décadas en el poder, esa relación adquiere todavía mayor importancia.

En los últimos tiempos comenzaron a circular dentro de la política local versiones sobre cierto malestar con el estilo de conducción de Sierra y sobre diferencias entre sectores identificados como “magdalenistas” y “jorgistas”.

No se trata de un conflicto formalmente reconocido por el municipio, que públicamente reivindica el vínculo con sus trabajadores. De hecho, al asumir, Sierra agradeció expresamente a los empleados municipales y destacó que la transformación de Avellaneda había sido posible gracias a ellos.

Pero la política no se construye solamente con discursos oficiales. Y una de las incógnitas de 2027 será determinar hasta qué punto el aparato político construido durante la etapa Ferraresi responde automáticamente a su esposa o si comienzan a aparecer lealtades diferenciadas.

Ahí está uno de los puntos sensibles de toda sucesión.

 

La Cámpora encontró un candidato

 

La aparición de Santalla le agrega otra dimensión al problema.

La Cámpora tiene en Avellaneda un dirigente propio con experiencia institucional y conocimiento del distrito. Y el senador ya viene desarrollando actividades políticas locales. En junio de 2026, por ejemplo, encabezó junto a Lucía Cámpora un encuentro político en Avellaneda, con un mensaje explícitamente vinculado a Cristina Kirchner y a la reorganización militante.

La disputa con Ferraresi tampoco es una novedad reciente. Ya en 2024 distintos medios nacionales señalaban a González Santalla como uno de los dirigentes de La Cámpora que podía disputar el poder local al intendente.

El dato político relevante es que, por primera vez en mucho tiempo, la discusión sobre la sucesión del poder peronista en Avellaneda parece desarrollarse con dos estructuras capaces de competir entre sí.

Y eso cambia el tablero.

 

La Libertad Avanza también cambió

 

Mientras el peronismo discute su sucesión, la oposición libertaria construyó durante los últimos dos años una estructura que antes no tenía.

En octubre de 2024, Cristian Frattini asumió como coordinador de La Libertad Avanza en Avellaneda y reunió a distintos sectores del espacio. En aquel momento, la mesa política pasó a contar con 37 dirigentes, según declaraciones del propio Frattini, con el objetivo explícito de construir una estructura con perspectiva electoral hacia 2025 y 2027.

La estrategia no se limitó a la militancia tradicional. El espacio comenzó a buscar dirigentes, comerciantes, empresarios, profesionales y vecinos que no necesariamente tenían una trayectoria partidaria previa.

Ese proceso desembocó en 2025 en una decisión significativa: Frattini encabezó la lista de concejales de La Libertad Avanza.

Y el resultado electoral merece ser mirado con cuidado.

La elección terminó con ocho concejales para Fuerza Patria y cuatro para LLA. El resultado demuestra dos cosas al mismo tiempo.

La primera: el poder electoral del peronismo en Avellaneda sigue siendo muy fuerte.

La segunda: la oposición libertaria ya dejó de ser testimonial.

Pasó de disputar elecciones desde estructuras fragmentadas a contar con cuatro concejales y una conducción territorial identificable.

 

Las señales que mira el Palacio Municipal

 

En el oficialismo municipal, además, siguen con atención las mediciones propias que muestran —según fuentes políticas locales— una evolución favorable de La Libertad Avanza.

Ese dato debe ser tomado con cautela porque las mediciones internas no son públicas ni auditables de la misma manera que una elección. Pero el interés político que despiertan resulta evidente.

La evolución no significa automáticamente que exista un cambio de ciclo. Pero sí muestra que el electorado opositor tiene hoy una estructura competitiva que no tenía dos años antes.

En paralelo, circularon cuestionamientos políticos sobre supuestas mediciones publicadas en diarios locales, que otorgaban números muy negativos a Sierra. Según versiones provenientes del entorno municipal, se habría intentado verificar la existencia de la consultora que había realizado alguno de esos trabajos y se habría detectado un correo electrónico que no correspondía a una empresa identificable.

 

El PRO, entre dos caminos

 

La oposición no se reduce a los libertarios. El PRO tiene en Avellaneda dos nombres que siempre aspiran a jugar: Lucas Yacob y Maximiliano Gallucci.

Yacob ingresó a la política local como dirigente del PRO y en 2023 fue candidato a intendente. En 2025 terminó integrando la lista de LLA y resultó electo concejal, aunque mantiene su identidad partidaria amarilla. En 2026, además, pasó a integrar la Asamblea Partidaria provincial del PRO, cuya conducción quedó nuevamente en manos de Cristian Ritondo.

Gallucci, por su parte, tiene una trayectoria propia dentro del PRO y también fue candidato a intendente. En 2023 disputó la interna de Juntos contra Yacob y actualmente sostiene públicamente su intención de competir nuevamente por la intendencia en 2027.

El problema es que ambos representan trayectorias políticas distintas y no siempre confluyeron en el mismo espacio.

La resolución de esa interna dependerá, en buena medida, de lo que decidan las conducciones nacionales y provinciales del PRO y de su eventual relación electoral con La Libertad Avanza.

 

La UCR, por ahora, juega otra partida

 

La Unión Cívica Radical aparece en un escenario diferente.

Sus porcentajes históricos recientes en Avellaneda son marginales frente a los dos grandes polos electorales. En 2023, el espacio opositor de Juntos logró un resultado importante, pero distribuido entre distintos sectores, mientras que el radicalismo no aparece hoy como una fuerza con volumen suficiente para disputar por sí sola el Ejecutivo municipal.

En 2027, su peso puede estar más relacionado con la capacidad de aportar estructura, fiscales, dirigentes y acuerdos que con una candidatura propia competitiva.

 

La verdadera incógnita

 

Por eso, la pregunta no es solamente si “Ferraresi puede perder Avellaneda”.

La pregunta política más interesante es otra:

¿Puede un esquema de poder municipal que lleva 18 años funcionando alrededor de una misma conducción sobrevivir cuando esa conducción deja de estar en el Palacio Municipal?

La historia de Avellaneda demuestra que los grandes aparatos políticos pueden durar muchísimo tiempo. Barceló dominó la política local durante décadas. El peronismo volvió a recuperar el distrito con Cacho Álvarez en 1991 y, después de la breve experiencia de Laborde, retomó el control en 2003. Ferraresi llegó en 2009 y construyó desde entonces su propia etapa de hegemonía.

Pero también demuestra que ningún ciclo político es eterno.

El dato novedoso de 2026 es que, por primera vez desde que Ferraresi se convirtió en intendente, el poder municipal enfrenta simultáneamente tres desafíos.

Uno interno: la sucesión entre el sector de Ferraresi y La Cámpora.

Uno institucional: la capacidad de Magdalena Sierra para transformar una continuidad familiar y política en una conducción propia.

Y uno externo: la aparición de una oposición libertaria organizada, con representación en el Concejo, estructura territorial y una conducción definida.

El resultado de 2027 dependerá de cómo evolucionen esas tres variables y de la capacidad de cada espacio para resolver sus propias divisiones. No hay hoy elementos suficientes para convertir ese escenario en una predicción electoral.

Pero hay algo que sí parece evidente: Avellaneda ya no discute solamente quién será el próximo intendente. Está discutiendo si comienza una nueva etapa política después de casi dos décadas de ferraresismo.

Y en un distrito acostumbrado a los largos ciclos de poder, esa discusión es, probablemente, la más importante de todas.

Publicado el: 2026-10-06