
La interna de La Libertad Avanza en la provincia de Buenos Aires dejó de ser un murmullo para convertirse en un incendio abierto. Lo que antes se resolvía en chats cerrados y operaciones en redes, hoy estalla sin filtros, con nombres propios y pases de factura que exponen una fractura cada vez más difícil de disimular.
El último capítulo lo protagonizó el siempre frontal “Gordo Dan”, Daniel Parisini, que salió con los tapones de punta contra Sebastián Pareja. No fue una crítica liviana ni un tiro al aire: fue un cuestionamiento directo al hombre que, en los hechos, ordena el territorio bonaerense para el oficialismo libertario.
Esta vez, es por las denuncias que hizo Pareja contra militantes libertarios. "Si denunciás tuits es que te molesta lo que dice la gente, quiere decir que no estás escuchando lo que dice la gente", consideró Dan.
Y remató: "Tienen que dejar de mear a los militantes genuinos. Así no va la cosa".
Pero lo de Dan no es un rayo en cielo sereno. Es la expresión más visible de una tensión que viene escalando desde hace meses, con actores que operan más desde X que desde el territorio. Entre ellos, Esteban Glavinich, más conocido como “Traductor Te Ama”, que viene encabezando una campaña persistente contra Pareja, combinando denuncias, insinuaciones y un relato épico de pureza libertaria.
En ese contexto, vuelve a tomar fuerza un episodio oscuro: la denuncia de que Pareja habría protagonizado una golpiza contra Glavinich en Rosario durante la campaña 2025. Más allá de las versiones cruzadas, el hecho funciona como símbolo del nivel de degradación interna. Ya no se trata solo de diferencias políticas: la disputa escaló a lo personal, a lo físico, a lo irreconciliable.
Ahora bien, hay algo que en las “fuerzas del cielo” —ese núcleo duro digital que se autopercibe guardián del mileísmo puro— prefieren no decir en voz alta. Es fácil pegarle a Pareja. Es cómodo. Es el fusible. Pero todos saben quién lo sostiene en ese lugar: Karina Milei.
Y ahí aparece el límite. Porque cuestionar a Karina no es lo mismo que criticar a un armador territorial. Meterse con ella implica, directamente, enfrentarse a Javier Milei. Y en ese terreno, el costo es otro: expulsión, marginación, silencio forzado. Por eso la crítica se vuelve selectiva, quirúrgica, hasta cobarde. Se ataca al delegado, pero se evita a la conducción real.
Mientras tanto, en el barro de la política bonaerense, la realidad muestra otra cosa. La mayoría de los concejales y legisladores que Pareja ayudó a construir en 2025 vienen manteniendo una línea de lealtad bastante sólida. Podrán tener matices, tensiones o diferencias tácticas, pero no hay una rebelión territorial como la que algunos intentan instalar desde las redes.
Y ahí está otra de las claves del conflicto: la confusión entre militancia digital y construcción política real. Las “fuerzas del cielo” creen que por haber estado desde el inicio en X les corresponde una cuota de poder automático. Como si los likes fueran votos y los hilos reemplazaran el trabajo territorial.
Pero la política no funciona así. No se gana un distrito con trending topics ni se defiende un proyecto en un barrio caliente con capturas de pantalla. Ahí hace falta otra cosa: presencia, espalda, capacidad de bancar la parada cuando la discusión se pone incómoda.
En más de un distrito del conurbano circula la misma anécdota: referentes libertarios “puros” que bajan a un barrio por primera vez y se encuentran con vecinos que no quieren escuchar consignas ideológicas sino respuestas concretas. Tarifas, seguridad, laburo. Y en ese terreno, muchos de los que gritan fuerte en redes desaparecen o quedan expuestos.
Lo que está en juego no es solo una interna de nombres. Es una disputa por el sentido del poder dentro del mileísmo: si lo va a conducir una estructura política con anclaje territorial —con todos sus claroscuros— o un grupo de militantes digitales que creen que la épica virtual alcanza para gobernar.
Por ahora, el fuego sigue creciendo. Y mientras algunos tiran nafta desde X, otros intentan sostener la gobernabilidad en el territorio. La pregunta es cuánto tiempo más puede convivir ese doble comando sin que la interna termine devorándose al propio proyecto libertario en la provincia.