¿Querés ser feliz o tener poder?

¿Querés ser feliz o tener poder?

¿Querés ser feliz o tener poder?
Por: Andrea Bernardi


¿Se puede ser feliz con la felicidad ajena? ¿Y con el poder?

Al escuchar –sin quererlo ni buscarlo- a otro que tiene poder, ¿realmente, lo ejerce sobre mí?

Mientras iba camino al teatro Espacio Aguirre, recordé la vieja pared lateral del puente de la Av. Juan B. Justo –ya derrumbado, para construir el actual Metrobus- que contenía un grafitti muy visible desde varias cuadras, a medida que me acercaba por la Av. Córdoba. El mismo me interpeló durante años: “¿querés ser feliz o tener razón?”. Y no pude evitar preguntarme si tendría relación con esta puesta teatral.

Llegué con mucha curiosidad por ver esta obra, cuyo formato inmersivo, me prometía no ser la misma persona luego de esta experiencia. Al ingresar, me dieron una tarjeta que me recordó a algún juego de mesa de mi niñez, en el que el desafío era sobrevivir. El azar quiso que me toque el número correspondiente al poder, y no pude evitar cuestionarme por qué. ¿Será que la felicidad ya es una parte de mí?, ¿de mi vida? No puedo aseverarlo.

Sin más, me dispuse a ingresar a la sala, casi en penumbras, y me encontré con la escena que captó mi atención desde los flyers promocionales: varios boxes enfrentados, sobre los laterales, ocupados cada uno por una o dos personas, con una atmósfera azul verdosa que, a mí, me evocó las profundidades del mar.

¿Querés ser feliz o tener poder? (¿QSFoTP?) nos enfrenta a una pregunta filosófica por excelencia: ¿para qué estamos en este mundo?

Cecilia Propato, la creadora y directora de esta obra, cuyo formato es único y está registrado como tal, partió de una imagen de un recinto azulado y de individuos muy pequeños que circulaban en ese ámbito. La aparente “libertad reguladora” (oxímoron, sin duda) de sus actividades, los mantenía en una dinámica orgánica en donde su existencia tenía sentido. Hablaban, pero contaban lo mismo en un loop infinito, porque la palabra era la herramienta de “pseudo” comunicación y de acuerdo. La repetición del discurso revelaba la existencia de un pasado personal, que los convertía en seres históricos.

Ya desde mi butaca, escuché atentamente las consignas y me entregué a disfrutar de un juego desestructurado que parecía no tener reglas. De repente, caí en la cuenta de que, en el acceso, también me habían dado tres tarjetas. Al cabo de un rato entendí que cumplían una función similar a los fichines que introducíamos en una máquina, con la ilusión de que se liberaría el juego que nos coronaría ganadores por un instante (¿poderosos o felices?). Esas tarjetas eran las “llaves” que recibían cada una de las actrices y de los actores en escena,  para recitar sus monólogos al unísono, y así dar comienzo a su historia, que se repetiría tantas veces como espectadores hubiera dispuestos a oírla.

                                                                                                                               

¿QSFoTP? me habilitó el convivio en exclusividad con el intérprete que se encontraba frente a mí. ¿Es teatro?, ¿es una performance? No encontré palabras para definirlo, porque yo también era parte fundamental de la escena que, de otra manera, no habría tenido lugar.

Propato, al darle vida al proyecto, se preguntó cuál es el objetivo de la presencia del ser humano en este mundo. Es así que cada uno de los veinte monólogos está atravesado por este cuestionamiento, que me interpeló a mí también. ¿Acaso nuestro accionar diario está motivado por estímulos básicos, que apenas se traducen en una efímera satisfacción? ¿Y qué hay luego de repetir acciones de manera infinita, que aseguran nuestra subsistencia y reproducción como especie?

Las imágenes que acudían a su mente, llevaron a Cecilia al concepto del panóptico de Jeremy Bentham, que fue analizado por Michel Foucault, en su libro Vigilar y castigar. Cabe recordar que la estructura panóptica, surgida a fines del siglo XVIII, era de tipo carcelaria y le permitía al guardián, desde una torre central, observar a los reclusos en sus celdas, sin que ellos lo notaran. De manera muy similar a como lo hacía el “Big Brother” de Orwell, desde una pantalla de televisión en su novela 1984. Sin embargo, los sujetos de observación y control, se autoconvencían de que sus decisiones eran propias, ajenas a cualquier condicionante de sus deseos.

Recorrí los diez boxes que me correspondían, quizás, por ironía del destino. Vi rostros y poses que pronto exponían al personaje en su verdadera esencia. Me evocaron los retratos psicológicos de Richard Avedon, sobre un inmaculado fondo blanco. En este caso, negro. El ojo del fotógrafo logró una fuerza expresiva única, tal como la pluma de Propato, poniendo palabras incisivas en los labios de sus intérpretes.

Mis tarjetitas me dieron permiso para escuchar los monólogos de tres personajes, de los más de veinte con los que compartí el espacio escénico. Todos ellos, reflejo de una sociedad actual en la que el consumismo y el éxito están sobredimensionados y en la que se ejercen oficios extraños y particulares: la llorona, el despertador, la dadora de la hora oficial, la degustadora de alimentos para perros, la tánatoesteta (y su muerto), la sacadora de chicles, el asustador, el frenador de trenes, la sembradora de cizaña. Por otro lado, enfrentados, los que “ostentan la noción de poder”…¿cómo? ¿entendida por quién? Eso se lo responderá cada uno a sí mismo. Aquí presentes: un abrazador y su deseo visceral de ir a ver las ballenas a Puerto Madryn; un probador de colchones que se enamora de una sirena mientras lo amenaza de muerte; un paseador de patos; un felicitador; una pareja de reidores mimetizada; una familiar sustituta del muerto solitario que resultó ser su violador años antes; una buscadora de objetos perdidos; un sepulturero de jóvenes; un encendedor de cigarrillos; un entrenador de empleados públicos. En fin, todos ellos profesionales en su mètier, todos vendiéndonos la trascendencia de su tarea. Todos impecables en su trabajo actoral.

Quería seguir escuchando más historias, como jirones de vida, que se entrecruzaban unas con otras. Escuché risas y llantos arrancados, que crearon tramas indescifrables; sin embargo, fueron interrumpidas por el sonido de un silbato que nos recordó a los espectadores, que estábamos ahí para cumplir con un rol pasivo: escuchar y ver.

Sin duda, la propuesta del profesional de la felicitación, casi sin eco entre tantos presentes, debe habernos dejado a más de uno con la siguiente inquietud: ¿por qué nos resulta tan difícil decir “te quiero”?

¿QSFoTP? plantea una pregunta que es en sí un dilema. Y por lo tanto, plantea una falsa elección.  No se puede elegir si ser feliz o tener poder porque siempre lo que se elige es algo dentro de las circunstancias dadas, pero bien vale cuestionarse…

El vestuario, a cargo de Emma Yorio, revive la poética de finales de la década del 50. La construcción de la imagen de los personajes está basada en la obra del artista plástico estadounidense Edward Hopper, quien retrató la vida estadounidense contemporánea, la alienación de los temas y la imposibilidad de comunicarse, que agudiza la soledad.

¿QSFoTP? –próxima a cumplir doscientas cincuenta funciones-, recibió en 2018 un subsidio especial del Fondo Nacional de las Artes por su aporte a la contemporaneidad.

Fue declarada de interés cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y a fin del año 2023, previo a la asunción del presidente Milei, le otorgaron la declaración de interés nacional. Sin embargo, actualmente, ni siquiera Propato, sabe cuál es la situación de su obra.

Hoy, como siempre, necesitamos desafíos para repensarnos como humanos y como miembros fundantes de una sociedad.

Hoy, como siempre, y más que nunca, necesitamos que la cultura esté viva.

¿Querés ser feliz o tener poder? (¿QSFoTP?)

Dramaturgia, dirección y puesta en escena: Cecilia Propato

Diseño sonoro: Agustín Konsol

Prod. ejecutiva: Gaby Zárate

Asist. de dirección: Candela Boffi Molina

Asist. producción: Sofía Cardachi Lavaselli

Asist. técnica: Yanina Mercado

Video y edición: Diana Baxter, UOM y Nubia Campos Viera

Espacio Aguirre – Aguirre 1270- Villa Crespo – CABA.

 

IG: andreabernardiok

Publicado el: 2024-02-26